Sr. Director:

Para empezar hay que señalar que el tiempo pasa, aunque no nos demos cuenta de ello porque todavía nos sintamos jóvenes. Y en segundo lugar advertir, que VOX no es, ni creo que lo haya pretendido nunca, ser lo que fue Fuerza Nueva. Entre otras cosas, porque los principales dirigentes de VOX no la conocieron, y si la conocieron fue de pasada.

Estamos además en tiempos distintos, con los mismos problemas, pero multiplicados por nueve, lo que exige una estrategia diferente. Bien es cierto que se puede tirar por la calle de en medio, porque uno se sienta muy “inasequible al desaliento”, pero los de la calle serían tres y el abanderado.

Ni siquiera estaría el del tambor. Así no se puede salir ni a publicar un bando. Siempre nos ha faltado sentido de la realidad: a Dios rogando y con el mazo danto. No hay otra.

En este momento, sin renunciar a nada, hay que ser posibilistas. Eso sí que es estar inasequibles al desaliento. Claro que para ello se tienen que dar dos condiciones imprescindibles: ser inteligentes y no perder el paso en la formación.

Ser inteligentes para ver cuál es la estrategia, no perder la formación porque perderíamos los principios y abjuraríamos de las ideas en función de una solución que, aun dando respuesta a lo importante, renunciaría a lo esencial.

Por eso hay que tener cuidado con lo que se dice, que las palabras como ocurre con las balas las carga muchas veces el Diablo, el Príncipe de la Mentira. Cuarenta años se hacen muy largos, y lo más solemne deja de ser creíble. Se necesitaba otra estrategia, y unidad de acción. Este año en la Plaza de Oriente había dos y el apuntador.

Será porque después de Blas Piñar no ha habido nadie medianamente importante.