Algunas voces, sin duda respetables, ponen en entredicho a VOX porque tiene defectos en su programa. Y en esto último tienen razón. Pero la perfección no es posible entre seres humanos, mucho menos en organizaciones. Sólo Dios es perfecto.

Esas personas que buscan la perfección, hacen bien. Y yo me apunto. Pero quiero que me digan si a la hora de elegir un proyecto entre participantes calificados, por ejemplo, con SIETE, TRES y CERO puntos, lo razonable no es quedarse con el que vale SIETE.

Y si en la actualidad hay un proyecto que vale más de SIETE, ¿dónde está? Quiero decir que si existe, que no lo pongo en duda, ¿con qué fuerza, con qué convicción, con qué posibilidades de sumar reales se ha expuesto al conocimiento público y se está defendiendo dicho proyecto?  En mi infancia, la educación franquista, de gran nivel, incluso admirable si la comparamos con la actual, me enseñó a conocer al mundo y a mi prójimo mediante numerosas fábulas e historias esclarecedoras.

Una de ellas -pueden ponerse de modelo otras muchas- fue la del perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer. También me alertaron de que quien se pare a dudarlo todo no se moverá, que el que se detiene a mirar las nubes no segará nunca, y que en momentos cruciales huelgan tanto la indolencia como los tiquismiquis.

VOX es hoy el único partido parlamentario que se ha hecho con la verdad, y en estas elecciones la está proclamando alto y fuerte contra el resto. Incluso con alto riesgo físico, pues está siendo permanentemente acribillado por los aguijones de los miserables y mediocres. ¿No es eso suficiente para los incrédulos, dadas las circunstancias?

Esgrimir sus puntuales defectos ocultando de paso sus numerosas virtudes, y además hacerlo como un rechazo a la totalidad, no es juego limpio. Decir que «en el futuro nos defraudará también, como los demás», es sólo una hipótesis, y puede que temeraria. Si esto ocurre, y en el futuro vende esa verdad que hoy tiene, ya nos encargaremos de demandárselo.

Pero el caso es que, volviendo al presente, los madrileños, el próximo día 4 de mayo, sólo tienen, resumiendo, tres opciones: VOX, PP y el conglomerado de liberticidas e hispanófobos; esos conspicuos comunistas que parecen desconfiar de todo el que se ducha, y que se refocilan disfrazándose de víctimas para acabar victimando al oponente.

Tres opciones tan sólo, pues. O lo que es lo mismo: SIETE, TRES y CERO.  Lo razonable, en mi opinión, salvo fobia, sectarismo o alteración pasajera del seso, es quedarse con el SIETE. Y cuando logremos alcanzar el SIETE, eso sí, a seguir trabajando para lograr la perfección.

Buscar el bien de la patria hoy, guste o no guste la circunstancia, pasa por votar a VOX. La utilidad está actualmente en este voto. Y la esperanza. Lo prioritario actualmente es erradicar a los mafiosos, a los matones, a los traidores. Ya habrá tiempo después para la perfección.

Todo ello, por supuesto, sin dejar de alertar previamente a tirios y a troyanos, incluidos los posibles abstencionistas, de que o VOX consigue la mayoría absoluta o tendremos más de lo mismo. En cuyo caso de nada valdrá luego la mesadura de cabellos.

Y menos aún el mezquino placer de haberse saltado un ojo, para que nuestro denostado se quede sin los dos.

Jesús Aguilar Marina ( El Correo de España )