Basta ya de seguir llamando antifascismo al vandalismo ultra de odio y adoquín. Basta ya de que la izquierda continúe romantizando y banalizando a la vez la violencia de raíz ideológica como si en Vallecas se hubiera disputado el partido de vuelta de la guerra civil.

Vox contaba con la autorización de la Delegación de Gobierno para celebrar un acto de campaña en Puente de Vallecas, donde en las pasadas elecciones generales obtuvo un 12,18%. Avergüenza tener que recordar que, al margen de las simpatías que despierte el tercer partido del Congreso, le asiste el perfecto derecho democrático a hacer campaña en cualquier punto del territorio nacional.

Y avergüenza quela batasunización de la política españolaque ya constatamos en Navarra y en Cataluña contra dirigentes de PP, Ciudadanos y Vox se extienda a los barrios de Madrid.

No hay nada heroico ni antifascista en abrirle la cabeza de una pedrada a un simpatizante de Vox que acude a una plaza a un mitin de su partido.Fue Pablo Iglesias el primero que legitimó con su agresiva retórica amigo-enemigo el antagonismo radicalen el discurso público.

Fue él quien bautizó el acoso como «jarabe democrático» y le dio carta de naturaleza política sin sospechar que acabaría volviéndose contra él. Por eso indigna que fuerzas como Podemos se pasen el día decretando alertas antifascistas y advirtiendo contra la amenaza de una presunta ultraderecha violenta cuando a la hora de la verdad los episodios concretos de violencia con motivación política parten sistemáticamente del mismo único lado: la extrema izquierda.

Capítulo aparte merece el ministro del Interior. Como ya hizo con el escrache a los dirigentes de Cs durante el Orgullo,Marlaska evitó desplegar un dispositivo policial suficientepara contener a los violentos de ultraizquierda que venían anunciando su propósito de reventar el mitin de Vox. Si es fiel a sus propios antecedentes, todavía correrá a legitimar las agresiones como una consecuencia lógica del discurso de Abascal.

Todos los partidos -y especialmente aquel que quiere representar a la izquierda institucional: el PSOE- deben condenar sin paliativos las agresiones a Vox en Vallecas. Porque de esa espiral, una vez desatada, ya no se salva nadie. Y porquela tolerancia democrática se prueba siendo absolutamente intolerantes con toda forma de violenciasin distinción de sigla, especialmente cuando afecta a aquellos con quienes discrepamos.

Eso y no otra cosa es el verdadero antifascismo.

El Mundo