VIC, A QUIEN LE IMPORTA

Si eres liberal, estás de enhoramala. Porque el conflicto del taxi va a acabar, cuando acabe, con tu libertad recortada. Y la cuestión no va de licencias, ni de condiciones de trabajo, ni de regulación de horarios o de distancias: va de mercado abierto y de libre competencia, de eso se trata. De que tu autonomía para elegir es secundaria porque los poderes encargados de preservarla tiemblan ante la coacción y la amenaza.

De que la política no cree en la ley de la oferta y la demanda. De que tus preferencias, tu comodidad, tus intereses como consumidor y como ciudadano están en desventaja porque las leyes que en teoría los protegen se pueden burlar con subterfugios y trampas. Desengáñate, pierde toda esperanza: ésta es una guerra por tu dinero en la que tú no pintas nada.

Acuérdate de Hayek: hay liberticidas en todos los partidos. Da igual que se digan nacionalistas catalanes, socialistas valencianos o liberales madrileños; no encontrarás distingos a la hora de adoptar decisiones que sólo deberías tomar tú mismo. Es muy fácil: comparas la calidad de los servicios y optas por el que mejor cuadra a tu utilidad, a tu predilección o a la disponibilidad de tu bolsillo.

Lo haces todos los días, o te lo hacen a ti, como cliente o como proveedor, y te adaptas a la razón del coste y/o el beneficio. Pues no. Ellos, los políticos, tienen que intervenir para limitar tu albedrío. Para regular la concurrencia e imponer regímenes exclusivos, para favorecer monopolios que creías propios de un tiempo vencido.

No culpes a los taxistas, que luchan por su conveniencia. Tienen derecho a la huelga. La mayoría son gente pacífica y trabajadora cuya imagen corporativa ensucia una minoría violenta. Son las autoridades las que ceden a la presión callejera, las que pasan por encima de tus derechos para sacudirse un problema. Las que, cuando tienen una duda, siempre te encuentran a ti como soporte para resolverla. Sin consultarte, sin pedirte opinión, sin tomarte en cuenta. Tú sólo pagas las consecuencias.

Nadie los va a reclamar con pancartas ni cortes de tráfico. Sus cientos, acaso miles de conductores despedidos no armarán ruido ni ocuparán los telediarios. No te afectará demasiado; al fin y al cabo era un fenómeno reciente, de apenas hace un par de años.

Con un poco de suerte, tal vez puedas comprar alguno de sus coches sobrantes de segunda mano. Pero en esa pérdida silenciosa se irá también una parte de tu libertad hecha pedazos. Ya sabes, esa dulce, despreciada facultad intangible de escoger dónde, cómo y cuándo.

Ignacio Camacho ( ABC )