VUELVE LA DIATRIBA GUERRACIVILISTA

Teniendo en cuanta el ínfirmo margen que dispone para aprobar leyes en el Parlamento era previsible que el Gobierno resucitara la memoria histórica a las primeras de cambio. Ya lo hizo el viernes la ministra de Justicia, modificando la estructura de su departamento para crear una dirección dedicada a la investigación de crímenes del franquismo, y ahora el PSOE parece decidido a lanzarse a introducir cambios en el Valle de los Caídos. El secretario de Justicia del Partido Socialista anunció ayer una nueva la Ley de Memoria Histórica en aras de un triple objetivo: sacar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, convertir en públicas todas las exhumaciones, consumar la nulidad de todos los juicios del franquismo y prohibir la apología del franquismo.

El Gobierno podría aprobar un real decreto para acelerar la tramitación de la reforma. De esta forma, Sánchez pisa el acelerador en una cuestión clave para la izquierda y con la que quiere acorralar a Podemos. Sin embargo, la agitación de la memoria histórica supone, otra vez, volver a la confrontación haciendo un uso sectario y miope del pasado. Hace 40 años que este país decidió concentrar su mirada en el futuro, aparcando viejos rencores, pero en Ferraz siguen sin enterarse.

La vuelta de tuerca que preparan los socialistas a la Ley de Memoria Histórica que impulsó Zapatero -en contra de la posición de gran parte de los barones y de los dirigentes históricos de este partido- busca desviar la atención sobre los problemas que verdaderamente importan a la ciudadanía. Ante la incapacidad para consensuar otros proyectos de calado con los socios que le auparon en la moción de censura, Sánchez prefiere atizar las brasas del guerracivilismo para aprovechar su paso por La Moncloa con un claro tinte electoralista.

El monumento inaugurado por Franco en 1958, tanto por su relevancia histórica como por los miles de represaliados enterrados en el valle, constituye un símbolo para los colectivos que han coadyuvado en la conocida como memoria histórica. De ahí el interés del Gobierno en reactivar la legislación en esta materia removiendo los restos mortales del dictador y respaldando las exhumaciones en Cuelgamuros.

Aunque el PP rechaza la idea de plano, Ciudadanos sí se ha abierto a negociar un replanteamiento general del Valle de los Caídos, aunque supeditado al consenso. La memoria, puesta en manos de los políticos, siempre es un asunto delicado que requiere seriedad y acuerdos de largo alcance. Lo que resulta inquietante es que los socialistas, nada más regresar al poder, vuelvan a usar la memoria histórica como un instrumento propagandístico destinado a avivar una confrontación insana y temeraria. Resulta un grave error el empeño de Sánchez de sumarse a quienes quieren rescatar la funesta dicotomía de las dos Españas.

El Mundo