Y, ADEMÁS, COBARDE

Nadie le niega una resistencia excepcional, que le permite encajar los golpes y recuperarse de los infortunios con asombrosa rapidez. Pero no llega a la «resistencia numantina» porque nunca morirá matando.

Es demasiado cobarde para ello, de ahí que, en sus tropelías, coloque siempre escudos humanos, que caerán mientras él escapa. Es lo que le impide ser un auténtico líder, al que Gracián exige valor sobre todos los atributos. «¿Qué importa que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda?», pregunta en su «Héroe» el jesuita aragonés. ¿Qué importan todas las mentiras, argucias, ardides de Pedro Sánchez si, al final, le tiemblan las piernas y se esconde?

Nunca ha quedado más de manifiesto que en el fiasco de su último sablazo. Asustarse ante la posibilidad de que no le aprobaran la quinta prórroga del estado de alarma y permitir a Adriana Lastra -ella sí que estaría dispuesta a morir matando-, negociar de tapadillo la abstención de Bildu a cambio de prometer la derogación de la entera reforma laboral, para asustarse aún más ante la reacción de su vicepresidenta económica, que lo consideró «absurdo y contraproducente», con la consiguiente rectificación, se convertiría en sainete al constatarse que los votos de Bildu no eran necesarios para pasar la prórroga.

El miedo suele conducir al ridículo, que se disculpa en la vida cotidiana, pero en las más altas instituciones del Estado pone a éste en peligro.

¿Qué vamos a hacer ahora, cuando ha quedado en evidencia que tenemos un presidente de Gobierno que no sólo miente, traiciona tanto a los suyos como a los rivales, poco inteligente, como demuestra al meterse en todo tipo de berenjenales y, además, cobarde? Porque las salidas son pocas y las mayoría conducen a callejones sin salida.

Por lo pronto, no puede haber nuevas elecciones al establecer la Constitución un año de plazo con las últimas. Gobierno provisional en las presentes condiciones está más lejos que la nebulosa Andrómeda, dadas las pésimas relaciones entre los partidos, incluso del mismo bando ideológico. Y un gobierno provisional de «técnicos» llevaría tanto tiempo y esfuerzos como un viaje a Júpiter.

No hay más remedio que lidiar con lo que hay, con sólo una cosa segura: Sánchez no se rendirá. Va a echar mano de todos los subterfugios, artimañas, tretas y trampas para seguir en el poder, incluso no ejerciéndolo, lo que es lo más peligroso, pues hay partidos, como los nacionalistas, que intentan sacar provecho de ello.

Y nada hay más blando que un hombre chantajeable, como acabamos de ver. O sea que, ojo con él y sus amistades peligrosas. Hay también la posibilidad de que decida cambiar de socios y tomar el camino contrario al seguido hasta ahora: romper la cohabitación con Unidas-Podemos y adoptar una política socialdemócrata europeísta.

A él no le costaría adaptarse. A todos los demás, sí. Conviene fijarse en Nadia Calviño. Hay quien dice que es la única vencedora de la reciente crisis. A mí no me extrañaría que estuviese entre las primeras víctimas. Depende de lo que pueda traer de Bruselas.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor