Y, ADEMÁS, COBARDE

Se escondió no sólo detrás del Defensor del Pueblo catalán, sino también de sus consellers, autorizándoles a poner el lazo en sus departamentos. Se agazapó incluso tras sus funcionarios, permitiéndoles ponerlo en la ventana más próxima a su mesa. Todo para terminar haciendo lo que le había ordenado la Junta Electoral Central, pero poniendo encima del lazo amarillo otro blanco con brochazo rojo y el mismo mensaje al lado.

Igual que en otros edificios de la Generalitat. Aquel capitán araña, que embarcaba a la tripulación mientras él se quedaba en tierra, era un aprendiz de simulador comparado con el no sabemos todavía si es president de la Generalitat o sólo un suplente suyo.

El número que acaba de montar Quim Torra con los dichosos lazos merece figurar en la antología de la picaresca, sin su gracia, pero con el descarado intento de saltarse la normativa electoral española y, al mismo tiempo, embaucar a sus seguidores.

Una doble argucia para eludir al organismo que vela por la integridad de las elecciones, manteniendo el lazo amarillo bajo el blanco, y una muestra de cobardía que descalifica a todo el que ocupa un cargo público. Esconderse detrás de sus subordinados y esquivar la ley es lo último que puede hacer un líder.

Hay quien dice que la Junta Electoral no debió meterse en este berenjenal, como hay quien prefiere aceptar que Torra ha hecho finalmente lo que se le mandaba, aunque sea a medias. Pienso justo lo contrario: que hay que prestar al asunto la máxima atención.

El problema catalán empezó por pequeñas cosas, incumplir las horas lectivas del español en las aulas, cambiar la normativa de banderas, tráfico o de oposiciones, etc., a las que no se dio importancia y, cuando nos dimos cuenta, estaban preparando un Estado catalán y un referéndum de independencia.

El nacionalismo y la izquierda, aunque estén en las antípodas ideológicas, tienen en común creer que están por encima de la ley, no respetar al Estado de Derecho, y ser moralmente superiores. Mentir, estafar, encarcelar, robar, asesinar incluso (el nacionalismo y el comunismo han sido los mayores criminales de la historia) entra en sus atribuciones.

Lo que no les impide invocar la libertad, igualdad y fraternidad como lemas, como hace Torra al no obedecer la Constitución que le ha llevado al cargo que ocupa y engañar no ya al resto de los españoles, sino a quienes le han votado. Por eso mismo hay que impedir que vuelva a hacerlo. Así parece considerarlo la Junta Electoral, que, tras analizar su respuesta, ha pasado el caso al fiscal para que estudie acusarlo por desobediencia.

Al mismo tiempo, ha ordenado al conseller de Interior que ordene a los Mossos retirar los lazos camuflados. No ha cumplido sus instrucciones y tiene que pagarlo. No hacerlo sería una invitación a que siga delinquiendo, engañando a sus seguidores y burlándose de nosotros.

José María Carrascal ( ABC )