¿ Y AHORA QUÉ ?

Cualquiera se toma más en serio a Leticia Sabater que a Ramón Espinar. Supongo que Pablo Iglesias e Irene Montero, a los que quiere derribar, también. Espinar ganó unas elecciones por el control de Podemos en Madrid contra Rita Maestre, la que habla como si el abecedario fuera de gominola. Dimitió de sus cargos cuando Pablo Iglesias decidió oponerse a Errejón al fugarse este a Gretna Green con Carmena.

Espinar ha propuesto una Asamblea Ciudadana, un Vistalegre, para refundar Podemos y que haya un relevo en la dirección. Espinar siempre ha sido objeto de chufla. Ya fuera por una Coca-Cola o por una mariscada. Se ha ganado sus galones. Mi frase favorita: «Pertenezco a una generación en la que los ingresos han oscilado dependiendo del trabajo que tenías».

Una generación a la que pasan cosas extraordinarias, vaya. Pero a la vista del personal que dirige Podemos, lo mismo resulta que Ramón Espinar es el Kevin Spacey de «Sospechosos habituales», aunque parezca Recio queriendo quitar a Enrique Pastor de la presidencia en «La que se avecina».

Y claro que otros partidos están llenos de zotes, aunque gasten mejor fama. Espinar no parece menos listo que José María Lassalle. Recordemos cuando era secretario de Estado de Cultura y le hicieron un reportaje en EPS en su calidad de señor que trotaba: «Entrar en la Casa de Campo todavía de noche y encontrarme allí con el amanecer es toda una experiencia estética e íntima.

El sol, tan bajo, alfombraba mis pasos, y en medio del silencio yo me escuchaba a mí mismo: oía mis pulsaciones, notaba la progresión del sudor, sentía que mi cuerpo y mi mente se sintonizaban plenamente. Hay algo místico en esas emociones. He acabado de correr con la sensación de que ya había hecho el día». He tenido que copiarlo entero porque soy incapaz de eliminar algo de semejante cursilería.

Ahora es de esos sectarios centristas que andan contra Vox. Como Luis Garicano, la lumbrera económica de Ciudadanos, que también anda contra el PP. La ejecutiva de Ciudadanos aprobó ayer por unanimidad no negociar con Vox, tener al PP como socio preferente y no descartar acuerdos excepcionales con el PSOE allí donde no puedan llegar a acuerdos con el PP.

A Ciudadanos sólo le ha faltado llamar «completo perdedor» a Vox, como Trump al alcalde de Londres. De estos hay que estar pendiente. De Espinar, no. Sigue sirviendo para la diversión, aunque al final resultara Kevin Spacey.

El último libro de Juan A. Ríos Carratalá es una fuente inacabable y divertidísima de españolidad. En «Un franquismo con franquistas» (Renacimiento), uno de los capítulos tiene como título «Don Francisco, censor residente de RTVE». Don Francisco Ortiz Muñoz.

El gran censor. El suegro de Gunilla. Por supuesto, estaba en contra de «Historia de la frivolidad» (1967), que tuvo que emitirse tras la despedida y cierre, sin aviso, para que pudiera participar en certámenes internacionales (si no se había emitido no podía concursar). Fue una operación de Adolfo Suárez y Juan José Rosón para mostrar la buena televisión española en el extranjero.

Cuando ganó el premio UNDA del Vaticano, Chicho Ibáñez Serrador fue a ver don Francisco: «¿Y ahora qué?». «Allá ellos», contestó el censor. Los de Ciudadanos poniendo vetos a Vox son como don Francisco, el censor. Juan Abreu ha explicado muy bien que lo de Vox no es un asunto ideológico sino psicológico.

Que se ha creado una manada moral y quien se atreve a retarla es enemigo. Lo que no sé es si vamos a acabar diciendo «¿Ahora qué?» o «Allá ellos». Que al final Espinar va a ser el listo.

Rosa Belmonte ( ABC )

viñeta de Linda Galmor