Y DE LOS ERE, ¿ QUÉ ?

Supongamos que el PSOE celebra una convención nacional para que sus dirigentes y cargos medios superen la depresión que les causa su constante caída en las encuestas y los temas principales de las conversaciones de pasillos entre todos ellos fueran cuanto les puede perjudicar el juicio por los ERES y los nuevos casos de corrupción descubiertos en su partido de Valencia. ¿A que sería suicida?

Pues los dirigentes y cargos medios del PP se han pasado tres días reunidos a tres kilómetros de la Audiencia Provincial de Sevilla donde están siendo juzgados 22 ex altos cargos de la Junta por malversar cientos de millones de euros que tendrían que haberse destinado a aliviar la situación de muchos miles de parados y en todos sus corrillos solo se ha hablado del polémico máster de Cristina Cifuentesy del varapalo de la justicia alemana para impedir que Puigdemont sea juzgado en España por rebelión.

«Aquí nadie va a hablar de los Eres?», pregunta, escandalizada, la alcaldesa, desde hace 24 años, de un pequeño pueblo de Toledo (Sagrarito para los amigos ) que confiesa que estuvo tentada de levantar la mano varias veces para obligar a que alguno de los dirigentes, mayormente los andaluces, denunciaran los escándalos de los socialistas. Pero al final, ni levanto la mano ni nadie pronunció las cuatro letras que tienen al PSOE de Susana Díaz contra las cuerdas. Y eso que la convención se celebraba en la Isla de La Cartuja, la de la Expo, para apoyar la candidatura de Juanma Moreno en las elecciones autonómicas que parece que se convocarán este otoño.

De lo que se habló en los pasillos fue del Máster de Cifuentes.

 Cada uno a su estilo. Mariano Rajoy, para dejar el tema en manos de la Justicia, como si se tratara de Puigdemont. Soraya Sáenz de Santamaría, que no es de la cuerda de la presidenta madrileña, para darle tiempo al tiempo, a ver qué pasa. María Dolores de Cospedal, que siempre ha sido amiga, para defenderla, porque cree que el PP tiene que apoyar a los suyos, porque no quiere repeticiones de lo de Rita Barberá y porque, me dice, «a mi siempre me toca hacer lo que nadie quiere hacer en este partido».

En el fondo da igual. La presidenta madrileña ha pasado a engrosar las filas de los políticos que se convierten en zombies sin futuro aunque ellos se resistan a aceptarlo. Sagrarito y sus amigos de Toledo aún esperaban ayer por la mañana que dimitiera («lo bien que quedaría que pidiera la palabra y nos dijera que lo deja para no perjudicar al partido»). No será ese su final. Apareció por la tarde para ratificarse como si nada, de ahí el desconcierto de las bases por las críticas que les esperan hasta el desenlace.

«Lo preocupante no es Cifuentes, es Puigdemont», me asegura la ministra catalana, Dolors Montserrat, una de las varias voces del Gobierno que ayer aprovecharon la presencia de tantos periodistas acreditados en la convención para quitar hierro a la decisión de la Justicia alemana de no permitir la extradición a España del ex presidente catalán por el delito de rebelión. Su tesis:

solo se ha tratado de definir las medidas cautelares para dejarle en libertad, sin tratar aún la cuestión de fondo de los delitos por los que podrá ser procesado en nuestro país.

Sáenz de Santamaría, el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, el de Justicia, Rafael Catalá, se esforzaron en convencer de que aún es posible revertir esa decisión, en Alemania o en Luxemburgo, aunque el portavoz en el parlamento europeo, Esteban González Pons era bastante más pesimista. A la que si le de debieron pitarle los oídos fue a la ministra alemana de Justicia, la que ha apoyado al juez que dejó en libertad a Puigdemont, de la que se recuerda que es una recién llegada, que desconoce la realidad española y que pertenece al ala izquierda del PSD. Un consuelo para los populares que se marchan hoy de Sevilla con la ilusión de escuchar duras críticas hacia algún escándalo no suyo, sino de los socialistas.

Curri Valenzuela ( ABC )