¿ Y LAS LIBERTADES ?

Siempre ha habido situaciones de emergencia con restricciones de la movilidad. Y toques de queda. Y guerras horrorosas con crímenes inimaginables. Pero jamás se había visto a la mitad de la humanidad encerrada en sus domicilios a tiempo completo por orden gubernamental. Hasta en los momentos más cruentos de las dos Guerras Mundiales existían cafés, tiendas y cabarets abiertos.

Hemos aceptado que se hibernen las libertades civiles y se estrangule la economía para salvar vidas, y es lógico, porque la alternativa era moralmente inaceptable.

Pero esta situación excepcional ha de ser solo un paréntesis lo más breve posible, porque estamos soportando un confinamiento insólito, abusivo según algunos juristas y en cierto modo, absurdo (veo por mi calle a un jeta paseando a su can tres veces al día, mientras los padres con niños no pueden sacarlos ni un instante; tampoco se está teniendo en cuenta el daño psíquico y físico de este encierro sobre muchas personas, ni los problemas de convivencia doméstica).

Se nos ha prohibido algo tan básico como salir a respirar al aire libre. Está suspendido el derecho de reunión y en la mayoría de los casos, el acudir al puesto de trabajo. Se están introduciendo sistemas de geolocalización que violan nuestra intimidad. En algunos países, como España, el Gobierno ha intentado limitar la labor de control del Parlamento y la prensa con la coartada de la pandemia.

Además, el Ejecutivo de Iglesias y Sánchez trama medidas intervencionistas de la economía, como un permiso previo gubernamental para las operaciones societarias, que supondría una estocada a la libertad de mercad

En Hungría, su mandatario ha aprovechado para autoconcederse poderes cercanos a los de un dictador. En China han sido represaliados los médicos que alertaron del calado del problema y se monitoriza a los ciudadanos con aplicaciones que los gradúan por colores.

Los españoles somos un pueblo poco liberal, más bien pastueño. Nos encanta que nos pastoree el Estado y fiamos a él la solución de todo. Se ha visto de manera desasosegante ante la famosa pregunta de Tezanos de si el Gobierno debía de ser la única fuente de información sobre la crisis: ¡un 66,7% respondió que sí, abrazando la censura!

Pero por ahí fuera ha emergido un gran debate sobre la supresión de derechos. «La dinámica de excepción existe para proteger al sistema en su conjunto en un momento de necesidad. Pero si la utilizamos como la nueva forma de funcionar se sale del marco democrático», advierte la primera ministra belga, la liberal Sophie Wilmès. En el Partido Conservador británico algunas voces libertarias recuerdan a su Gobierno que «no puede controlar al público como si fuesen niños, debe respetar su sentido común».

Adam Smith sostenía que «para llevar a un Estado al más alto grado de opulencia desde la más baja barbarie no se requiere mucho más que paz, impuestos sencillos y una tolerable administración de justicia». En España hoy nos gobiernan políticos intervencionistas que piensan lo contrario y ven la excepcionalidad como una puerta para introducir cuñas autoritarias.

La devolución de nuestras libertades debe ser completa y lo más rápida posible.

Luis Ventoso ( ABC )