Está muy bien citar a Dolores Ibárruri. Yo tengo hasta camisetas de la Pasionaria con todo su careto en mi pecho. Vale citar, pero no inventar, demonios. Ayer Oskar Matute, de Bildu, tras negar su voto a la derogación no derogatoria en el Congreso, citó a Ibárruri.

Y puso esto en su boca: «Si es por nosotros y nosotras, no pasarán». Es que me tengo que acordar de las madres de todos los inclusivistas. De todos los zopencos del lenguaje inclusivo.

Claro que hay problemas más gordos de los que preocuparse. No sé, la gente que no tiene para comer, la cuota de autónomos, el recibo de la luz o las Tanxugueiras (me pongo en bucle la cara de Ayuso

 cuando en la Asamblea se las ponen como ejemplo de robar a la ciudadanía). Me pasa lo que a Jennifer Lawrence en ‘No mires arriba’ (más burranca, sí). Cuando el pepinazo está a punto de llegar a la Tierra y destruirla, ella sigue dándole vueltas a que el general Themes (Paul Guilfoyle) le cobrara los ‘snacks’ en la Casa Blanca, cuando eran gratis.

Doy vueltas a la imposición loca desde arriba del lenguaje inclusivo y también al gentilicio de Ucrania. Como si no tuviera bastante con lo de migrante. A ver, ¿a qué viene eso de ucranio? ¿Es que no ven que suena a ser feo de otra galaxia con un ojo en la frente? A personaje chungo de ‘Futurama’. No es que la Fundeu recomiende ucraniano a ucranio, es que resulta ridículo.

Es tan sencillo como lo que escribe Carlos Taibo al principio de su libro ‘Rusia frente a Ucrania’ (Catarata): «Dos son las razones que han invitado a optar antes por ucraniano que por ucranio: si la primera invoca la mayor presencia del gentilicio elegido, la segunda subraya las eventuales confusiones que puede generar la forma femenina del término desechado, ucrania, que se solaparía con el nombre del país».

Con músico y música nos tenemos que aguantar. ¿Pero crear un problema donde no lo hay? Y lo peor es que acabarán pasando.

Los, las, les mandaría a tomar por saco. Y por saca.

Rosa Belmonte ( ABC )