Y PEDRO TOMÓ LA SUITE…

No es algo que el pudor permita confesar así por las buenas como es bien comprensible, pero quien más y quien menos ha vivido alguna experiencia similar a lo de disponer por cualquier circunstancia en algún momento de su vida de una de esas «pintonas» habitaciones con todo lujo de confort y detalles en un hotel de cinco estrellas, pero, por cuestión de agenda u otro tipo de razones, no poder disfrutarla como desearía más allá de unas escasas horas y experimentando en consecuencia el inevitable impulso y la humana inclinación a hacer en ese ajustado tiempo el mayor uso de ella abriendo sabanas, removiendo la cama, destapando a ser posible todos los frascos y «kits» de aseo, conectando el jacuzzi a deshoras y a ser posible pidiendo un generoso desayuno al servicio de habitaciones.

Pedro Sánchez lleva menos de cien días en la Moncloa gracias a una moción de censura de éxito inimaginable hace poco más de tres meses; se supone que llegaba para convocar elecciones con prontitud tras echar a Rajoy en el más flagrante «cordón sanitario» contra un partido desde el «pacto de Tinell» y a día de hoy, con los miuras políticos pendientes de lidiar a cargo de su escuálida representación parlamentaria, sin tenerlas todas consigo para evitar la condición de más efímero presidente de nuestra democracia. Sin embargo está batiendo todos los récords imaginables a la hora, no tanto de sacar adelante una sólida acción de gobierno, como de tocar todos los «palos» habidos y por haber como inquilino de la Moncloa y como si en poco tiempo y por lo que pueda pasar tuviera la imperiosa necesidad de dejar la misma impronta sentada por sus antecesores, estos claro está, en años al frente de la presidencia del Gobierno.

Sánchez parece tener ese síndrome de la «suite por un día» que en tan breve tiempo le ha llevado a utilizar el avión presidencial para acudir a un concierto en la comunidad valenciana previo acto con Ximo Puig en el papel de telonero, se le ha abierto Doñana para encontrarse con Merkel, ha acudido a Quintos de Mora a 80 kilómetros de Madrid, no en coche sino por supuesto en helicóptero de la fuerza aérea para marcar estrategia electoral con su gabinete y hasta se ha lanzado en la apertura de curso político a una gira latinoamérica de cinco días por cuatro países con el argumento de que el área estaba descuidada por anteriores administraciones, curiosa idea de unos asesores en materia exterior muy conscientes de que, no sólo González, Aznar o «ZP» tuvieron la zona como prioritaria en su política internacional, sino que –aparte de la asidua presencia del Rey– el propio Rajoy, antecesor inmediato, ha viajado durante sus mandatos prácticamente a todos los países de Centroamérica y cono sur, eso sí, sin recibir el «gran collar del cóndor» de manos de Evo Morales.

Las prisas de Sánchez vienen a revelar cierta sensación de provisionalidad, prisas por copar en poco menos de tres meses hasta el último cargo de la administración, prisas por forzar ante la opinión pública una pretendida sensación de cambio de ciclo político…y todavía en la «suite» queda por abrir el minibar.

Julián Cabrera ( La Razón )

viñeta de Linda Galmor