¿ Y SI FUERA CIERTO QUE SON SUPERIORES ?

Camina el personal cabizbajo y apesadumbrado pensando que tal vez los Puchi y los Quim  son seres superiores y, más de uno  que yo me sé,  están sometiéndose a pruebas de laboratorio para que los expertos en raza humana midan el nivel de su calidad genética.

Yo, que nunca fui quejoso ni anduve llorando por las esquinas cual plañidera de lamentos inútiles,  carezco de dudas sobre la excelencia de mi ADN a pesar de no haber nacido en Cataluña, y estoy realmente sorprendido porque aunque la diosa fortuna me premió con singulares e inolvidables encuentros con señoras de esa raza que hoy todos envidian, dudo que se me pegara algo de sus excelencias, porque la ciencia tiene sobradamente acreditado que la ósmosis es una acción que no garantiza ese trasvase por el simple contacto de piel con piel, por muy intenso y satisfactorio que sea.

En cambio sí tienen  algo que lamentar quienes ni si quiera conocen de lo que hablo porque hay experiencias que ensanchan el alma –  aunque sea incorpórea-  relajan la mente y tonifican el cuerpo.

Hoy casi todo lo que leemos o escuchamos es propaganda y por lo tanto, medias verdades, y un buen ejercicio de rigor intelectual nos debería llevar a someter al tamiz de la crítica todo lo que nos dicen  desde el gobierno y la oposición constitucionalista, que se han empeñado en lanzar mensajes desacreditando la singular excelencia de la raza independentista catalana.

Basta con leer los artículos que escribe el actual Presidente de la Generalitat para comprender que los que no han tenido la suerte de nacer en Cataluña tienen un problema del que participan incluso la otra mitad de los catalanes que siguen sin entender cuál es el camino correcto.

Cuando llegue el momento en el que míster Quim deba rendir cuentas ante el dios en el que crea, sus deudos deberían donar su cerebro a la ciencia.

De todas formas permítanme que haga una reflexión un poco más frívola que puede servirnos de consuelo a los que como yo nos llamamos Didàc.

Decía Oscar Wilde que lo importante era llamarse Ernesto, pero han pasado tantos años desde entonces que ahora lo que mola es llamarse Quim con K o con Q, que para el caso es lo mismo, porque ese dato onomástico  es insuficiente para evitar que  algunos sean gilipollas, dictadores,  xenófobos, malos cantantes o boxeadores sonados.

Diego Armario