Somos muchos los que a cada paso estamos más hartos de lo que está sucediendo en España tanto con este “plandemia”, como con la peligrosa deriva que está tomando este gobierno, a cada paso más miserable y totalitario, al igual que los distintos reyezuelos de taifas a cada paso más sátrapas.

Lo de la “plandemia” ya clama los cielos y día tras día, con total impunidad, se juega más con nuestra libertad y nuestros derechos que se conculcan a diario en todas partes sin que nadie eleve la voz ni proteste. Incluso permitimos que algún sátrapa al uso se permita decirnos aquello de “se hace porque no fuisteis buenos y obedientes”.

Pero ¡imbécil!, ¿quién te crees que eres tú para decir eso?, ¿nuestro padre? No, hombre no, tu no eres nada mío además de mi empleado pues soy yo quien paga tu suculento sueldo, para que vivas a cuerpo de rey mal gobernando desde tu sillón de tirano al más rancio estilo. Así que mejor ¡cállate!

El dislate llega a tal punto que, de acuerdo con lo que me han contado, la alcaldesa sociata de La Coruña tiene previsto celebrar hoy, día 21, en el Palacio Municipal un acto institucional para felicitar la Navidad, ¿Navidad?, bueno, supongo que las fiestas como le gusta decir a la pijopogresía.

Pues bien, hete aquí que, para acceder a dicho acto, además de confirmar la asistencia e ir provisto del pertinente bozal, se exige que se muestre ese mal llamado pasaporte COVID cuya legalidad está en entredicho -implantación que, en buena medida, debemos a los hosteleros, convertidos ahora en una suerte de policías, que se bajaron vilmente los pantalones ante las autoridades administrativas para poder mantener abiertos sus chiringuitos-, y, además de lo referido, de acuerdo con las instrucciones recibidas por los invitados, el día anterior, aquel que quisiera asistir al evento, como dicen ahora, amén de haber confirmado asistencia y estar en posesión del dichoso pasaporte, tendría que personarse en las dependencias municipales para recoger un test, supongo que de antígenos, hacérselo y una vez provisto del resultado negativo mostrarlo hoy en la puerta del consistorio para poder acceder a la fiesta en cuestión.

Quiero imaginar que el coste de los referidos test será asumido por parte de cada uno de los invitados y, en último caso, se cargarán contra el peculio de la alcaldesa y, solidariamente, del resto de los miembros del equipo de gobierno y no será un gasto que, por capricho, tenga que asumir la ciudad. Ya sería el colmo.

Supongo que muchos de esos que les encanta ponerle cara linda al poder, mande quien mande y por muy totalitario que sea, estarán encantados y correrán, cuales mansos corderos, a verificar esta suerte de absurdas exigencias dictadas por la sociata coruñesa.

Sin embargo, dejando a un lado estas consideraciones domésticas, todo ello viene a poner de manifiesto extremos que ya nos temíamos:

1º. Que la mascarilla no sirve para nada más allá que para hacernos irreconocibles como si fuésemos a dar un palo en un banco ya que, pese a su uso, no evita nada.

2º. Que el maldito pasaporte COVID tampoco sirve para nada, es decir que por muchas dosis que te hayas inoculado de esa pretendida vacuna; por mucho que hayas pasado la enfermedad; por muchas pruebas que te hagas, nada sirve para nada ya que, si no te haces el test -supongo que financiado por la alcaldesa- uno o dos días antes, no puedes garantizar que no estés contaminado y, por tanto, no podrás acceder a la referida “fiestuqui” municipal.

3º. De todo ello se infiere que con exigir el test de antígenos sería más que suficiente, sobrando todo lo demás, ahorrándonos muchos costes y evitando limitar nuestros derechos y libertades.

En consecuencia, ¿a qué están jugando con nosotros?, ¿de qué sirve que nos inoculen una o cien dosis de unas supuestas vacunas de dudoso resultado y más dudoso contenido, si al final hay que hacerse un test el día anterior?

Resulta que, según nos dicen, el número infectados, en vísperas de Navidad, incluso el número de fallecidos ha aumentado con relación al pasado año por estas mismas fechas en las que no estaba inoculado con la vacuna el porcentaje de población que lo está ahora.

¿De qué sirven entonces estas supuestas vacunas y esa obsesión enfermiza de que todo el mundo tiene que vacunarse, más allá de la voluntad firme de hacer más ricos a los propietarios de las empresas farmacéuticas cuyos nombres conocemos todos?

Por cierto, hablan de cifras alarmantes de contagiados ya que un simple catarro o una gripe vulgar a poco que te hagas una prueba de las que hacen te dará positivo y, sin embargo, ¿quién habla de la gran cantidad de muertes por fulminantes ataques cardíacos que se están produciendo entre los segmentos jóvenes de la población, todos ellos vacunados hasta con tres dosis?, y de las secuelas o efectos secundarios que produce la inoculación de las vacunas, de eso ¿quién habla?

¿Quién refiere los deportistas, los policías, los soldados, la gente de menos de 50 años, etc., todos ellos en un envidiable buen estado físico, que de repente se sienten mal y caen fulminados? Si, ya, es que les tocaba morir y por eso se murieron; en ese caso, eso mismo es de aplicación para cualquier otro que se muera por lo que sea, incluido el COVID ¿no?

La prensa oficialista, convertida en una suerte de BOE al estar bien pagada y mantenida con el dinero de todos, ofrece a diario la misma información para la que no cabe ni debate ni argumentación en contra ya que a aquellos que disientan, pese a hacerlo con argumentos científicos -médicos, biólogos, virólogos, hasta el que más trabajó en el ARN mensajero-, no se les permite decir ni una palabra, incluso son separados de sus cargos como sucedió recientemente con el Coronel Vara de Rey -ningún indocumentado, por cierto-, quien advirtió de los riesgos de la vacunación masiva.

En cualquier caso, ya lo habíamos advertido, todo esto es más que sospechoso y máxime en las fechas en las que estamos y que se puede resumir en una frase: “objetivo: cargarse la Navidad”, una pretensión del globalismo masónico internacional -que nadie sonría y simplemente que se ponga a pensar- que es quien está detrás de todo esto y que pretende convertirnos en sus títeres, eliminar nuestras costumbres y tradiciones y uniformarnos sometidos a la nueva religión globalitaria.

Ese poder siniestro, oculto tras unas siglas, es dueño y señor de nuestra economía -empresas y bancos-, de las plataformas de comunicación, de las redes sociales más importantes y, además, de las farmacéuticas que fabrican las vacunas. El gran plan de reseteo mundial está servido.

En cuanto a la deriva de este gobierno canalla, ¿qué pensar de las palabras del otro día de la nieta de Doña Rogelia -el parecido con su abuela es asombroso-, las mismas que le oímos proferir al tipo aquel de la melena sucia?, ¿quién es esta tipa, integrada en un partido que a cada paso pierde más fuelle, para decir que algunos partidos no gobernarán nunca en España?

Eso, realmente, qué significa, ¿qué no volverá a haber elecciones libres?, ¿qué sea cual sea el resultado repetirán el pucherazo de febrero de 1936?, ¿qué España se convertirá, de la noche a la mañana, en un país bananero al estilo chavista gobernado, en plan dictatorial, por estos despojos podemitas y sociatas?, ¿a qué viene la amenaza de esa tipa siniestra a la que, en todos los sentidos, le va al pelo el viejo dicho de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”?

En fin, que la cosa pinta muy mal y nos estamos acercando al precipicio sin que nadie levante la voz, sin que nadie proteste mientras siga creyendo tener la certidumbre de que, siguiendo las instrucciones del gobierno, de los satrapillas autonómicos y locales y de esa prensa bien pagada y engordada con el dinero de todos, estará a salvo de que el malvado COVID se lo lleve por delante.

José Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )