YA NO SERÉ YO

No es mejor esto de ahora. No se dicen más cosas, sino más ruido. No somos buena gente entre nosotros. Suelo asomarme a una sola red social, Twitter. Y cada vez menos. En algún momento creí que ensanchaba las posibilidades de hablar, de comunicarse, de prolongar algunos debates necesarios. Eso era al principio (al principio de sumarme), pero casi nada de aquello se ha cumplido. Twitter, Facebook y demás junglas se convirtieron en territorios de vigilancia.

En lugares hostiles. Twitter no puede garantizar la seguridad de sus usuarios. Ni la dignidad de sus clientes. Ni proteger la identidad de quien se apunta a su tinglado. Todo es turbio por dentro. Si alguien te asalta el nombre, te jodes. Si insultan a tu padre, te jodes. Si publican una foto privada, te jodes. Si amenazan a tu mujer, te jodes. Si te amenazan a ti, te asustas. Twitter es un campo de tiro para bancadas de zumbados y zumbadas amparadas por Twitter. Una hermosura.

Cuidado con las ideas. Las que no gustan tendrán sus barracudas correspondientes. En Twitter cabe el chantaje. En Twitter cabe la extorsión. La soledad es el láudano de Twitter. El odio es su karma. Dentro se discute en chiquito, en corto, en eslogan, en el espacio de un baldosín. En el chimpún del golpe de gracia. No tiene ningún interés desde el momento en que se convirtió en una herramienta política. De publicidad para la política mala, quiero decir. Chucherías y navajas. De eso se trata.

En Twitter se lapida al otro sin rubor y sin culpa. Porque la culpa está abolida en la pedrada anónima, en la pedrada en masa, en la pedrada bestia. Necesitamos rincones donde la culpa no quepa. Esa cultura es la nuestra: pecar burlando la culpa, que es la cobardía suprema del dispuesto al vicio.

Entiendo bien a tantos amigos o conocidos que se van quitando. Gente normal, que no necesita el gorigori y que buscaba otra cosa y que no la encontró. Nada raro. Tan sólo es optar. Y yo opto por marchar. Entiendo lo que dice el escritor Lorenzo Silva: “Esto dejó de compensar”. A otros servirá. Cualquiera que aparezca ahí con mi nombre, y mi apellido, y mis datos, no seré yo.Y esa usurpación será responsabilidad de una red social que sobrevuela (por su permisividad en el hurto) lo delincuencial. Ciao.

Antonio Lucas ( El Mundo )