En mi último artículo os comentaba como parece estar cambiando, a mi juicio a mejor, el mapa electoral español. Pero no todo lo que reluce es oro. Todavía faltan dos años, días arriba, días abajo, para las próximas elecciones generales y yo no me fío. No me fío de lo que pueda pasar y lo más preocupante es que mucha gente está más que confiada en la limpieza de las mismas. Empezando por alguna oposición.

No me refiero a las conjeturas de quién será el ganador sino a la pulcritud y veracidad de los resultados porque no hay peor adversario que el que se sabe tocado y quiere ganarlas a toda costa. Se ha extendido entre periodistas, tertulianos y medios la hipótesis de que el virreinato del psicópata de la Moncloa se va a prolongar todo más hasta enero de 2024, para ser sustituido luego por el líder de la oposición o incluso por otro posible candidato socialista, visto el achicharramiento, que dan por hecho, con el que llegará a los estertores de la legislatura.

Este sujeto es un psicópata, además de un narciso y megalómano, pero nada tonto. Llegó al poder con una estratagema urdida en base a una morcilla que un juez acreditadamente izquierdista deslizó en una sentencia, que luego otra sentencia demostró falsaria y también porque quien lo detentaba hasta entonces se lo brindó sin querer convocar unas elecciones que quizá hubiera perdido la coalición que hoy desgobierna España. El hoy ya ex-presidente del gobierno prefirió que la puntilla se la dieran a su nefasta segunda y se fue con una reducida corte pretoriana a celebrar su cobardía con unos amargos tragos.

Muchos medios la acallaron y para el común de los mortales pasó inadvertida, la primera visita que recibió el dictadorzuelo que no fue otra que la del zascandil del globalismo George Soros, que no vino a otra cosa que a ponerle deberes al psicópata. De vez en cuando, su patrón vino a ver como iban los deberes y a ponerle otros nuevos.

Toda la política de este gobierno de mindundis, que jamás se vieron en otra parecida, obedece rigurosamente en llevarse por delante la España que hemos conocido y conocemos y sustituirla por las políticas globalistas climáticas, la destrucción de las identidades nacionales y sus soberanías, la destrucción de la familia y la educación tradicionales, etcétera. Por lo tanto, no es solo que el psicópata quiera seguir «empocilgándose» en la Moncloa unos años más, sino que al globalismo le interesa mantener a este títere para rematar su proyecto.

Yo me pregunto, ¿si a Donald Trump los globalistas le cerraron su cuenta presidencial en Twitter y le tumbaron con todo tipo de añagazas la reelección como presidente de USA, qué no podrán hacer para que su títere en España las vuelva a ganar?, ¿de parte de quién están todas las grandes tecnológicas de la comunicación como Google, Twitter, Facebook, etc? Como dijo el psicópata: pues eso.

Hoy día existen medios suficientes y sobrados para que los votos en su largo recorrido desde que el ciudadano lo deja caer en la urna, hasta que al cabo de un tiempo las autoridades electorales publican los resultados definitivos, se puedan producir pucherazos de toda laya. Por ejemplo, sin tratarse de un pucherazo informático, imaginen ustedes las mesas de los colegios electorales en la España despoblada, en la que los partidos de implantación más reciente no pueden disponer de interventores en todas sus mesas, son carne de cañón para sufrir pucherazos, Y este es sólo un ejemplo.

Desgraciadamente, solo tenemos que mirarnos en nuestros queridos hermanos de ultramar donde en la mayoría de países las elecciones son una farsa macabra. No estamos tan lejos de ellos y todas las precauciones son pocas, habida cuenta el trilero que nos desgobierna y la tropa que le apoya. Si a esto le añadimos toda una pléyade de pesebristas del Psoe y de todos los partidos que le sostienen que han encontrado en ello sustento y modus vivendi, van a defender con uñas y dientes sus prebendas.

Ojo, que todo es posible y de nada sirve plañir a toro pasado.

José Enrique Villarino Valdivieso ( El Correo de España )