Esta mañana del martes día 3 de noviembre, enjaulado como estoy, estamos, me he despertado con una de esas columnas del gran Raúl del Pozo que me está haciendo meditar, tal vez porque lo que dice de la actualidad española es tan cierto como que Trump ha ganado las elecciones americanas.

Dice Don Raúl, así termina: «En cuanto a los que publican en los periódicos, como en los tiempos de Larra, escribir en Madrid es una pesadilla. Ni ellos saben (se refiere a los columnistas) quiénes son los suyos, ni los otros saben quiénes son los nuestros, en estos monólogos desesperantes»…

Pues sí, es para pensar. ¿Quiénes son hoy los míos? ¿y quiénes son los otros? ¿y quiénes son los nuestros?… Y estoy llegando a una conclusión: que, ciertamente, hoy no sé quiénes son los míos, pero sí sé los que no lo son.

Por ejemplo. Sé que el Presidente Sánchez no es de los míos, porque no puede ser de los míos un ambicioso enfermizo que llegó al Poder y en el Poder quiere mantenerse de por vida con aquella norma del Rey Eteócles de Tebas: «Madre, a cualquier precio el Poder jamás es caro».

Lo que quiere decir que es un individuo que está dispuesto a vender a Dios y a su padre (y hasta su bisabuelo, el general Castejón) por seguir en la Moncloa, que le importa un bledo España, y otro bledo el PSOE, y otro el Poder Judicial, y otro Cataluña, y otro… y así hasta el infinito, yo diría que hasta la catedrática que tiene en casa y a sus hijas…Luego, este individuo, seguro, no es de los míos.

Ni puede ser de los míos el otro sujeto que co-gobierna el infierno que están creando, porque ese, el señor Marqués de Galapagar, es todavía peor, porque el comunista – leninista  stalinista – podemita venezolano no es de los que se conforman con el Poder, es, como aquel «padrecito» Stalin, de los que te mandan a Siberia o Ekaterimburgo en cuanto te atrevas a respirar a su lado.

¿Como puede ser de los míos el Stalin de hoy?

Ni puede ser de los míos el señorito Casado,.. ¿y cómo puede ser de los míos un caballero que sólo piensa en los votos y en el sillón, mientras ve cómo deshacen a España? ¿y cómo puede ser de los míos quién vive pensando en el Centro mientras la calle arde y el hambre invade ya millones de hogares españoles? ¿y cómo puede ser de los míos el «cobardica» que, soñando con la Moncloa, su único sueño, le da hasta miedo mencionar a Franco o que le puedan confundir con los de VOX, porque dicen que son de la extrema derecha?… ¡¡¡Por favor!!!   ¿yo de la extrema derecha?… Lo siento, y parafraseando a Calvo Sotelo el BUENO, pero prefiero un rojo a un cobarde.

Ni pueden ser de los míos esos que en privado son más franquistas que Franco y hacia fuera son demócratas de toda la vida, y ahora del Centro… NI pueden ser de los míos esos generales que sólo levantan la voz cuando pasan o los pasan a la reserva… Ni pueden ser de los míos ese Papa, esos cardenales, esos obispos, esos curas, esos frailes que se han olvidado de Jesucristo y ya no leen los Evangelios…

Ni pueden ser de los míos esos Jueces que por ascender o no perder lo que tienen distorsionan las leyes a favor del Poder… Ni pueden ser de los míos esos periodistas mamporreros, serviles, miserables que se traicionan a sí mismos y a Dios bendito para no irse a la calle (claro, porque, y eso es verdad, en la calle hace mucho frío)… Ni pueden ser de los míos esos jovencitos del botellón que viven sin dar ni golpe a costa de los padres, de los abuelos o vendiendo su cuerpo y su alma al mejor postor…

Ni pueden ser de los míos esos escritores, pintores, escultores, cineastas, actores, actrices que viven pendientes de las subvenciones (y al llegar aquí se me ha venido a la cabeza aquella guapísima actriz que mientras fue la amante de un Director de cine falangista se vestía de azul hasta para ir a la playa y cuando rompió con el falangista y se hizo la amante de un actor rojo, se convirtió en la Pasionaria moderna… y sobran los nombres).

Ni pueden ser de los míos… no sigo, porque creo que ya no quedan de los míos… al menos hoy. Tendré que repasar la agenda… o esperar que me den algún cargo o una subvención importante (y digo importante porque si no es por encima del millón de E. no es nada) y vuelven a sonar mis teléfonos.

Sí, amigo Raúl, aquí ya es difícil saber quiénes son los nuestros…aunque pensándolo mejor yo sí sé quiénes son los míos.

Julio Merino ( El Correo de España )