YO SÍ TENGO REY

Es, ¿cómo les diría yo? Como si a las doce de la mañana de un mes de agosto se reúnen una serie de señores y firman un solemne documento que encabezan diciendo: «Estamos en pleno invierno».

Una hora antes de la solemne sesión de apertura de la XIV legislatura de las Cortes por Su Majestad el Rey, algo así ha hecho lo mejor de cada casa de los que invistieron a Sánchez, con los diputados de Junts per Cataluña, Esquerra Republicana de Cataluña, EH Bildu, la CUP y el Bloque Nacionalista Gallego.

Suscribieron y leyeron en el propio Congreso antes de la solemne sesión de diputados y senadores un documento que es una joya: una joya de negación de la realidad, porque lleva un encabezamiento que dice: «No tenemos Rey». Como chiste no está mal. Y como contradicción, tampoco.

Es como si tras una goleada del club merengue se reúnen unos cuantos adversarios de Florentino Pérez y leen el documento «No tenemos Real Madrid». Es un documento que me hace hervir el agua del Guadalquivir de mi radiador andaluz y decir:

-¿Que no tenemos Rey? ¡Anda que no! ¡No ni ná!

Y ahí lo tuvieron ustedes, apenas una hora después de que leyeran por turnos los firmantes ese documento, en las palabras del Rey que dicen ustedes que no tienen y al que, por lo visto, no reconocen como tal… aunque bien que cobran su sueldo como diputados de una Monarquía Parlamentaria.

En vez de «No tenemos Rey», ¿por qué no proclamaron mejor un documento que hubiera dicho que «como no estamos conforme con que tengamos Rey ni una España unida, y queremos una república, renunciamos a cobrar un solo euro como diputados y mucho menos dietas para venir a Madrid».

Si no aceptan el meollo de la Constitución, que es la soberanía del pueblo español, de todo el pueblo español, y la Monarquía Parlamentaria, ¿por qué cobran el sueldo? ¿Para ese dinero no hay miramientos, señor Rufián?

Claro que tenemos Rey. Yo sí que tengo Rey. Y como servidor de ustedes, la inmensa mayoría de los españoles que tal como están las cosas (que traducido al Tertulianés se dice «con la que está cayendo»), no sólo tenemos al Rey como orgullo de símbolo y garantía de la esencia de la nación española, de su unidad, de la soberanía nacional, de la libertad y de la democracia, sino como esperanza y confianza ante tan convulsos tiempos.

¡Ay, cómo confortan las palabras del Rey en los momentos más difíciles, cuando más amenazado vemos todo nuestro sistema de valores que simboliza la Constitución de 1978!

Mientras estos señores que no se dignaron luego a aparecer por el hemiciclo decían en una sala de la carrera de San Jerónimo, en un lugar por cierto pagado y mantenido por todos nosotros, que «La Monarquía española y su máximo exponente, el Rey de España, no nos representa», a todos nos confortaban las palabras de Don Felipe VI: «España no puede ser de unos contra otros, sino de todos para todos».

Y por si quedaba resquicio de duda: «Hace 40 años, las palabras concordia, reconciliación, entendimiento, respeto y libertad hicieron superar divisiones, enfrentamientos e imposiciones, y esas palabras que movilizaron a todo un pueblo y abrieron una nueva etapa, hay que preservarlas en la actualidad en toda su plenitud».

Llamen a esas palabras Constitución y llámenlas Corona, y verán cómo en estos tiempos en que no sé ustedes, pero yo veo cada día más como desfondada, descorazonada y desesperanzada a la oposición liberal-conservadora y son cada vez más los españoles que no ven el telediario para no llevarse esos disgustos, el Rey sigue siendo nuestra esperanza.

Señores aliados independentistas del Gobierno de Sánchez: dicen ustedes que «No tememos Rey». Pues ustedes se lo pierden.

Antonio Burgos ( ABC )