Hasta ahora la ‘Belén Esteban’ del gobierno se ha salido de las lindes en numerosas ocasiones y otros ministros le han tenido que llamar al orden. Nadie entiende eso de exigir a las grandes superficies la cesta «low cost» para la ciudadanía y, mientras, incitar a la población a que acuda a las tiendas de barrio.

Estos comunistas de alcachofa y alpargata solo son especialistas en demagogia barata y en mentir de relleno. La Yoli no sabe qué hacer para llamar la atención, por eso dicen en Europa que el comunismo español no sabe si mata, hiere o espanta. Y lo que tiene que hacer, no lo hace.

En Venezuela llegaron a topar el precio de los alimentos. Lo hizo el «gorila rojo», Hugo Chávez, y lo volvió a hacer el inmaduro presidente, Nicolas. Este último llegó a subir el SMI casi un 1.800%. ¿Recuerdan el resultado? Tranquilos, yo se lo digo: hambre, desabastecimiento general, paro de muy larga duración, huida de empresas, enriquecimiento de los de arriba, enfrentamientos entre la población, asesinatos nocturnos, represión vicaria y miseria.

Todo ello me recuerda mucho la senda de estupideces iniciada por la ministra de Trabajo, que no cumple con su cometido, e invade funciones ajenas. Sinceramente, es lo más inútil que he conocido en un Gobierno junto con las «averiadas» ministras de Podemos.

Qué afán tiene la Yoli con eso de topar. Se ha aprendido el vocablo y lo suelta para todo, venga o no a cuento. El objetivo final de la aventajada «Pasionaria» no es otro que intervenir sectores económicos a conveniencia. Al menos el ridículo se lo reparten entre el mentiroso Sánchez, el metepatas Garzón y la ministra «tucán».

Veo detrás de esas medidas comunistas una lista negra de alimentos de desecho destinados a los más necesitados, pero verán cómo mantienen los buenos alimentos para los ricos. Son así de hipócritas y falsarios. El comunismo considera a los más necesitados como pollos a los que hay que alimentar, pero vale con cualquier cosa, son solo pollos.

Trabajar no trabajarán los comunistas, pero dañar a la población más necesitada lo hacen como algo habitual para ellos. Lo mismo les da castigar a los ciudadanos que a las empresas comercializadoras de los bienes con los que la población llena su cesta de la compra.

El afán de acuerdo con las distribuidoras para poner tope a los precios de ciertos productos es el reflejo de una mentalidad muy sucia, alimentada con credos comunistas ruines. A Yoli le faltan varios hervores en asuntos económicos y ha llegado al mismo grado de tontería que Nadia Calviño.

Dicen que Yoli no se ha parado a reflexionar sobre la estupidez que ha cometido con su reunión con el CEO de Carrefour. ¿Van a obligar a las grandes superficies a poner topes a productos? ¿Y si no hay acuerdo general? Antes de seguir con sus sandeces de marioneta de corral es mejor que analice lo que pretende desde el punto de vista económico y jurídico porque puede verse abofeteada desde diversa perspectiva. Es plenamente desacertado jugar con la ruina de las familias. Tan desacertado como intentar intervenir el mercado por la vía de la imposición.

En los países liberales los mercados acaban por equilibrarse solos, excepto cuando influyen puyas comunistas que conducen al desequilibrio completo de la situación económica, a eliminar puestos de trabajo, arruinar a las familias y condenar al paro indefinido a los trabajadores mayores de 50 años. Votar a comunistas o socialistas es como ver a una vaca que va al matadero aplaudiendo al carnicero. Lo peor de todo es que en este país no se aprende o se aprende tarde.

Ni siquiera a los socialistas del Ejecutivo les gustan los planes de Yolanda Díaz. Prueba de ello es cómo han salido contra ella la propia ministra de Defensa y el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación. Ambos ministros ven cartillas de racionamiento cercanas, doctrinas comunistas, dictadura contra las empresas e imposición de ideas anquilosadas que llevan a la ruina más desesperada. Han quitado a Yolanda Díaz todo tipo de autoridad por invadir cometidos que no son de ella, ni del Ministerio de Trabajo.

Entre las sandeces que pretende la ministra de Trabajo y la desesperación del presidente, por el rechazo y desprecio que genera entre la población, al Gobierno solo le queda un camino: elecciones generales cuanto antes. ¿Dónde está el problema? Pues está en que Sánchez no encuentra candidatos para alcaldías de grandes ciudades.

El caso más cercano es el de Madrid. Por primera vez en el periodo democrático -y tras largos años de corrupción y latrocinio en la escuela socialista- el PSOE anda escaso de equipos; de ahí que no hayan faltado bufones parlamentarios; Lastra, María Jesús Montero, Ábalos, Simancas, Pilar Alegría, Isabel Rodríguez, Raquel Sánchez y una larga caterva de manchas negras o bultos insultadores.

Yolanda Díaz debería saber que antes de topar productos es más conveniente bajar o eliminar el IVA de todos los alimentos. En cinco países de la UE ya nos llevan la delantera. Se nota que desconoce las dos directivas europeas que impiden fijar precios a los productos alimentarios. La situación se le ha ido al presidente de las manos.

Las elecciones generales no pueden esperar más. Sánchez ya es cadáver político y detritus social. Se ha ganado el desprecio de la ciudadanía por su mala gestión, sus habituales mentiras, su traición, su falta de transparencia y su abanderada corrupción. La prueba es que Ferraz ha suspendido la campaña de abrirse a la calle. Con semejante fantasma, incumplidor y mentiroso no puede avanzar España. Lo dijo Zelenski y parece que se ha extendido como la pólvora.

Lo que ahora tenemos en España no es un Gobierno, es un atentado permanente con exceso de víctimas.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )