ZAPATERO ASUME Y PREGONA SIN PUDOR LA PROPAGANDA DE MADURO

Produce estupor corroborar una vez más cómo José Luis Rodríguez Zapatero se presta a ejercer de blanqueador de la tiranía de Nicolás Maduro. Coincidiendo con la ofensiva propagandística del régimen chavista para intentar desacreditar con una retahíla de excusas peregrinas la mayor diáspora reciente del país, el ex presidente español culpó ayer del éxodo masivo a «las sanciones impuestas por los EEUU, respaldadas por otros gobiernos».

Sus infames declaraciones han caído como una bomba en la oposición democrática venezolana y en la comunidad internacional al tiempo que se jalean desde los órganos del poder dominados por Maduro. Nadie puede entender que un demócrata asuma y pregone sin pudor el relato chavista, que acaba de incluir las sanciones internacionales como forma de justificación de la situación de emergencia social que asuela el país, donde especialistas ya elevan a cuatro millones el número de venezolanos que ha huido del hambre y del yugo de la dictadura. Es elocuente que Zapatero cierre los ojos ante tan escalofriante realidad y, sin embargo, obvie que la mayor parte de las sanciones se han dirigido contra dirigentes de la autocracia.

Quizás hubo un tiempo en el que el papel de Zapatero sirvió para excarcelar a presos políticos, cuya cifra, por otra parte, no hace sino aumentar. Pero, hoy, su figura como negociador por la paz es inexistente. Ya se empezó a diluir en 2015, cuando participó como acompañante del proceso electoral. Y se destruyó totalmente este año: mientras la comunidad internacional consideró inaceptables e irregulares las condiciones y el desarrollo de los comicios presidenciales, el socialista mostró una alineación total con el régimen de Maduro al defender las reglas del juego establecidas por el dictador que favorecieron, cómo no, al oficialismo.

«Es un pronunciamiento inmoral contra un pueblo que huye porque la dictadura le bloquea comida y medicinas», zanjó el coordinador de la Organización de los Estados Americanos para la crisis de emigrantes. Zapatero es un mediador imposible.

El Mundo