ZAPATERO O LO PEOR

Ayuno de patriotismo, verdugo de todo mérito y siniestro publicista de la narcotiranía comunista de Venezuela, Zapatero se ha empeñado en llevarle la contraria a Carmen Iglesias, felizmente reelegida al frente de la Real Academia de la Historia. No siempre lo peor es cierto es el título, ilustrado y razonablemente optimista, que a mi juicio define mejor su tarea intelectual. Pero como es bueno y español, Zapatero se empeña en llevarle la contraria. En todo ámbito -político, económico, diplomático, intelectual- en que se manifieste el ex presidente, lo peor no sólo es cierto: es seguro.

Los inquilinos de La Moncloa más importantes en la democracia, González yAznar, han apoyado, con los matices de rigor y la rémora para Felipe de ser del PSOE, la legalidad constitucional contra el golpismo separatista. Me refiero a los vivos, naturalmente.

De Suárez se pueden decir muchas cosas, excepto lo que decía ayer Lavilla: que «hoy sería del PP, del PSOE o de Cs, pero nunca de Vox». Convertir al secretario general del Movimiento, el partido único de la dictadura franquista, en paradigma de limpieza de sangre democrática es demasiada impostura, incluso para un democristiano tan pulcro e inane como el candidato de UCD de 1982.

De Calvo-Sotelo, que afrontó dignamente el juicio del 23-F y luego le dejó el papelón electoral a Landelino en una campaña aciaga (más de dos millones de votos inútiles de UCD y CDS alfombraron los 13 años largos de despotismo felipista) cabe rescatar el espíritu de la LOAPA, rectificación del Estado de las Autonomías y de la delegación de competencias que deberían ser del Estado. Lo que, vía 155, hará el Gobierno, cuando lo haya.

En cuanto a Rajoy, su política ante el golpe fue la misma de Sánchez: quitarle importancia y ganar tiempo. ¿Para qué? Para seguir en La Moncloa. Pero ni el peor Rajoy sería capaz, en vísperas del juicio, de hacer unas declaraciones de apoyo al golpismo y desprecio absoluto al Tribunal Supremo como las que perpetró aquí ayer Zapatero, miembro del Consejo de Estado, como Landelino, que debe imponerse como penitencia echarle.

Que «no son golpistas», dice el que realmente inició el proceso de ruptura de las instituciones catalanas con el orden constitucional, al promover un estatuto que no quería nadie y que rescató para Artur Mas. ¡Con ZP empezó todo!

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )