Hace dos días que el señor Vlodomir Zelenski intervenía por video conferencia ante el Congreso de los diputados y no tenía mejor idea que comparar la situación de Ucrania con el bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937.

Pero es que, además, el día 1, en una comparecencia similar ante el Parlamento holandés, aludió al aniversario de la sublevación de los protestantes flamencos contra la Monarquía Católica, personificada entonces en nuestro gran rey Felipe II, a quien consideró el tirano opresor de Flandes, tierras de que por derecho de legítima herencia era dueño y señor natural.

Cualquiera de las dos cosas por separado podría no significar otra cosa que la ignorancia de un cómico sin estudios a quien, por muchos asesores que tenga para escribirle soflamas, el cargo le viene grande. Pero dos alusiones a nuestra Patria con sólo cuatro días de diferencia, me parecen, más que una casualidad el indicio de alguna malquerencia de este individuo y su gobierno contra España.

No voy a perderme ahora en los vericuetos de la historia de las guerras de religión que asolaron Europa a raíz de la Reforma protestante. Pero sí voy a ir de lleno al bombardeo de Guernica, una población de 7.000 habitantes y un enclave neurálgico en el sistema del Cinturón de Hierro y la defensa de Bilbao, que se nos quiere pintar como un pobre pueblo inerme cuya población fue masacrada por la “barbarie fascista”, así en genérico.

El bombardeo de Guernica, del que tanto se habla –yo me pregunto a menudo si no deberá su fama más al folklore y al arte que a operación militar- no fue el primero ni el último ni el más importante de los bombardeos de la contienda, ya que, frente a las 294 víctimas mortales del bombardeo que padeció Durango el 31 de marzo, la prensa bilbaína de la época no habló de víctimas; luego la propaganda republicana y nacionalista elevarían el número de éstas a más de 3.000.

Sin embargo, hoy la historiografía más moderna, incluyendo a autores de la asociación «Gernikazarra» como Vicente del Palacio o José Ángel Etxaniz, estima que hubo unos 126 fallecidos y en torno a 30 desaparecidos, entre la guarnición, transeúntes y los siete mil habitantes de una localidad en que fue arrasado en torno al 70% del caserío. En este caso, más propio hubiera sido hablar del bombardeo de Durango.

Pero, me sorprende que el presidente de un país donde el partido comunista no es legal y que está siendo atacado por las tropas de quien fuera el general más joven de la KGB soviética, no haya preferido el bombardeo de Cabra (7 de noviembre de 1938) realizado por la aviación republicana con 109 civiles muertos y más de 200 heridos o, simplemente los asesinatos de Paracuellos que multiplican más que por diez las victimas de cualquiera de las otras tres acciones bélicas.

Esta misma propaganda republicana y nacionalista ha querido divulgar un mito cuya mendacidad hoy ponen de manifiesto la historia y los hechos y hasta dos películas cuyo título no voy a divulgar, cofinanciadas por el mismísimo gobierno vasco.

Veamos la mistificación de que Guernica era una ciudad inerme que no tenía ningún interés militar ni estratégico; y cómo se oculta que los bomberos de Bilbao tardaron mucho en llegar, se marcharon sin apagar el fuego y no se movilizó para extinguirlo los miles de soldados acantonados en la “indefensa” villa.

Apuntado esto de los miles de soldados, si el bombardeo de Guernica no obedecía al odio a los símbolos, lo que trataré en un próximo artículo, hay que pensar que, una operación militar de tal índole debería obedecer a otro fin, quizá porque la localidad ni era tan inofensiva, ni estaba tan indefensa como desde José Antonio Aguirre o Manuel Azaña hasta Arnaldo Otegui o Vlodomir Zelenski nos quieren hacer creer.

Atendiendo al interés estratégico y militar de Guernica, baste señalar que en la localidad y sus inmediaciones está documentada la presencia de lo siguiente:

  • La fábrica de armas ASTRA-UNCETA, de la que consta una partida del 23 de abril de 1937 por la que se suministró al gobierno de la república 11658 pistolas y ametralladoras, por un importe de 1.116.000 pesetas. Igualmente consta que un grupo de especialistas de la URSS iba a llegar a la localidad el martes 27 a fin de desmontar las instalaciones y maquinaria de la fábrica y trasladarlas a Bilbao.
  • El Puente de Rentería, posible aunque fallido objetivo central del bombardeo, emplazado en el centro urbano y que era la única vía férrea sobre la Ría que enlazaba Bilbao con las poblaciones del “Cinturón de Hierro” sitas al otro lado.
  • Los numerosos cuarteles, como el del 18 batallón Loyola de Gudaris y otros edificios aledaños de la Casa de Juntas, habilitados como acuartelamiento para un total aproximado de unos 3.000 efectivos de las fuerzas rojas y brigadas internacionales, que es estaban reagrupando para la defensa de Bilbao. En este sentido, Gordon Thomas y Max Morgan Witts dan razón de la llegada de 2.000 soldados que acamparon en las inmediaciones del cementerio la víspera del bombardeo.
  • Añádase a lo anterior los dos hospitales militares, el Penitenciario Militar de Guernica-Lumo y el habilitado en el céntrico convento de las carmelitas, cuyos soldados, una vez restablecidos volvían al frente
  • Y por último, un considerable número de “asesores soviéticos”, con fuerzas de escolta y checas donde perpetraban su represión y su genocidio.

A la luz de estos cuatro objetivos, bien se pueden cuestionar todas las especulaciones sobre la indefensión de Guernica y su falta de interés militar o estratégico.

Como se ve, Guernica estaba tan inerme como pudiera estarlo Stalingrado 4 años después. Por eso hay que preguntarse si hubiera tenido tanta repercusión el bombardeo de Guernica si Pablo Ruiz Picasso no hubiera pintado su famoso cuadro?

Lo curioso, sin embargo, es que la pintura joya del Museo Reina Sofía, fue encargada al artista malagueño a principios de enero de 1937 (es decir unos tres meses antes del bombardeo) por el director general de Bellas Artes Josep Renau, el arquitecto Luis Lacasa, y los escritores Juan LarreaMax Aub y José Bergamín.

Sólo tras el bombardeo dio a la pintura el nombre de la población vasca de forma aleatoria y simbólica, como podría haber puesto el nombre de cualquier otra localidad sobre la que cayeron bombas nacionales como, Madrid, Talavera, Gijón, Granollers, Alcañiz, Cabra…

Sólo la casualidad es el motivo de que le tocara a Guernica esta lotería que la ha inmortalizado para la historia del arte en un óleo sobre lienzo poscubista, donde se puede ver la inspiración de diversas obras y estilos, desde una Biblia Mozárabe del siglo X custodiada en la Catedral de León, hasta Goya y sus Desastres de la guerra, pasando por Paolo Ucello y su Batalla de San Romano (1456) o Rubens y sus Horrores de la guerra (1637), además de alegorías anteriores del propio Picasso, como los aguafuertes “Sueño y mentira de Franco” (1936), de donde el academicista pintor malagueño, propuesto para director del Museo del Prado, extraería los motivos de las figuras principales –el toro, el caballo, el guerrero, la madre con el niño, la bombilla, el templo de Jano, la paloma, y las mujeres coja y en llamas, cuyos 45 bocetos realizaría entre el 1 y el 20 de mayo- de la obra.

El historiador, Jesús María Salas Larrazábal, en su libro «Guernica», escrito en 1987 con motivo del cincuentenario y retitulado «Guernica, el bombardeo. La Historia frente al mito» asevera: “Quien tenga probada paciencia puede estudiar los orígenes históricos del mito de Guernica en las 190 páginas del capítulo primero del erudito libro “La destrucción de Guernica”, del polemista norteamericano Herbert R. Southworth, en las que va exponiendo, una tras otra, las noticias que publicó la prensa mundial en base a los cables enviados desde Bilbao por cinco corresponsales extranjeros (…). Los que afronten esta lectura podrán conocer insignificantes pormenores relacionados con este temario, país por país, pero por mucho que relean las densas páginas no serán capaces de hallar rastros de lo más esencial: los relatos de la prensa de Bilbao, numerosa entonces y, hay que suponerlo, mejor informada. Nadie considere esto como un incomprensible olvido de cronista tan minucioso, pues existe una explicación mucho más lógica: los periodistas de Bilbao (…) no comulgaron con las extravagantes tesis de los contados corresponsales extranjeros que fabricaron la leyenda, y los censores de Bilbao impusieron cortes en los pocos artículos desorbitados que la prensa local reprodujo de los diarios extranjeros. (…) y que podían ser refutados fácilmente por los evacuados de Guernica”.

Contrastado el mito, elucubrado por la propaganda republicana y difundido por una casualidad pictórica, con la realidad de la Historia, bien cabe concluir evocando las famosas palabras de Voltaire: “Et voilà comme on écrit l’Histoire; puis, fiez-vous a messieurs les savants”. Es decir: Así se escribe la historia, fíese después de los señores sabios de la índole del señor Zelenski.

Pedro Sáez Martínez ( El Correo de España )