¡Ay, España! País de contrastes, Semana Santa y reality shows improvisados. Mientras en Sevilla se suspira de alivio porque la Macarena la van a dejar como nueva tras aquel drama nacional que puso en vilo más corazones que un clásico Madrid-Barça, en Belorado nos han salido unas monjitas rebeldes de armas tomar.
Lo de estas hermanitas clarisas es de manual, han pasado de rezar el rosario a dar ruedas de prensa como si fueran tertulianas de Sálvame Deluxe. Micro en mano, sonrisa pícara y más soltura que un influencer en el Bernabéu. Si Santa Teresa levantara la cabeza, pedía ring light y cuenta verificada en Instagram.
Y ahora, atención, porque el culebrón promete. El juez puede dictar sentencia de “desahucio” y ellas han respondido “ni hablar, que a mí quien me manda es Dios”. Una fe tan férrea que ni la Guardia Civil se atreverá a picarles el timbre. Y es que, según aseguran, en su contrato de alquiler celestial no pone ninguna cláusula de desalojo.
Mientras tanto, España contempla el espectáculo entre carcajadas y suspiros, porque estas monjitas, lejos de vivir en clausura, se han convertido en las reinas del streaming. No descarten que Netflix esté ya preparando la serie: Belorado, monjas, pecado y confesión.
¿Será que la España profunda ya no es tan profunda y que lo próximo será verlas en TikTok haciendo coreografías con hábito? A este paso, sólo falta que Dios mande un comunicado oficial desde el cielo para confirmarles que sí, que pueden quedarse.
Porque si el Supremo dicta sentencia, pero el Altísimo dice “quédate”, ¿quién se atreve a llevarles la contraria? La polémica está servida. Feliz inicio de agosto.
Salva Cerezo