Decía Nicolás Maquiavelo que el fin justifica los medios. Y desde entonces, la humanidad ha utilizado la frase como quien usa un paraguas en plena tormenta… pero para tapar goteras propias.
Hoy, día de Día de San José, mientras los valencianos contemplan cómo arden sus monumentales fallas, esas obras de arte efímero que tardan un año en levantarse y cinco minutos en convertirse en ceniza, uno no puede evitar pensar que, al menos ahí, el sinsentido tiene sentido. Se quema para renacer. Se destruye para volver a crear. Una metáfora perfecta… si no fuera porque algunos han decidido aplicarla también a la coherencia.
Porque mientras en Comunidad Valenciana el fuego purifica, en la política el fuego parece más bien una cortina de humo.
Ahí tenemos a Felipe VI, navegando entre disculpas históricas con rumbo incierto. La petición de perdón por hechos de hace siglos, con eco desde México, ha derivado en una escena digna de teatro, media España pidiendo perdón con la boca pequeña y la otra media preguntándose si también hay que disculparse por inventar la siesta. Mientras tanto, la izquierda aplaude con entusiasmo, quizá convencida de que revisar el pasado soluciona el presente… o al menos distrae lo suficiente.
Y en este festival del “todo vale”, aparece Miguel Iceta, demostrando que el verdadero arte no está en las fallas, sino en hacer crecer un patrimonio inmobiliario digno de Monopoly versión deluxe.
Veintisiete inmuebles. Diez millones de euros. Y todo ello sin necesidad de prenderles fuego al final del ejercicio. Eso sí que es eficiencia… o magia, según se mire, justo después de colocar a su marido de piloto en una compañía aérea rescatada por el gobierno.
Cruzamos el charco y nos encontramos con Donald Trump, que fiel a su estilo, decide que si un problema no se resuelve, lo mejor es buscar otro más grande. Del Golfo a Cuba en un abrir y cerrar de tuit. Porque, claro, si algo caracteriza la política internacional moderna es la planificación… o su ausencia cuidadosamente improvisada.
Y ya en casa, no podía faltar nuestro particular espectáculo ferroviario, donde el “orangután tuitero”, figura ya casi mitológica, sigue en su puesto mientras los trenes desaparecen como por arte de magia. En Andalucía, la paciencia viaja más rápido que los vagones, y eso ya es decir. La Semana Santa se asoma en el calendario, pero el transporte parece haberse quedado en cuaresma perpetua.
Así que sí, puede que Maquiavelo tuviera razón. El fin justifica los medios… siempre que el fin sea lo suficientemente rentable, lo suficientemente oportuno o, simplemente, lo suficientemente olvidable.
Porque al final, entre llamas, discursos y despropósitos, uno tiene la sensación de que aquí no se quema lo viejo para dar paso a lo nuevo… sino que se quema la lógica para que todo siga exactamente igual.
Eso sí, entre tanto humo, no olvidemos lo importante:
Feliz día a los padres, a los Josés, Josefinas y, cómo no, a los valencianos, que al menos tienen claro que, cuando algo arde, es porque merece la pena volver a empezar.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 19/03/2026

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