Dicen que el mundo está cambiando de manos, que el eje económico gira como una peonza mareada y que Occidente atraviesa una crisis existencial. Nada grave, al parecer, una simple duda entre si producir riqueza… o repartir la que no existe. Un pequeño detalle sin importancia.
Y en medio de este panorama casi apocalíptico, aparece Yolanda Díaz, megáfono en mano, arropada por pancartas sindicales, proponiendo la fórmula mágica, trabajar menos y cobrar más.
Una idea revolucionaria que, curiosamente, nunca ha necesitado demostración práctica. Es como la alquimia económica de convertir el esfuerzo ajeno en bienestar propio sin pasar por el incómodo trámite de generarlo.
Pero no nos desviemos. Porque si algo funciona con precisión suiza en este país no es la economía… es el arte de distraer.
En pleno ruido sobre investigaciones delicadas y sospechas incómodas, el foco cambia súbitamente. De repente, el debate nacional gira hacia un episodio casi cinematográfico: Vito Quiles, micrófono en ristre, se cruza con Begoña Gómez en una escena digna de thriller político de sobremesa.
Denuncia, polémica, titulares… y voilà, el truco de magia está completo.
Porque no hay mejor cortina de humo que una buena tormenta mediática. Y si además viene aderezada con un supuesto “chivatazo”, una comida sin escoltas y un periodista atrevido, el cóctel ya es perfecto.
Las preguntas incómodas desaparecen como por arte de magia, sustituidas por el eterno debate de bandos, unos indignados, otros defendiendo, y la mayoría… simplemente confundidos con el truco del almendruco.
Mientras tanto, lo importante, ese incómodo asunto de posibles irregularidades del PSOE tras el cante de los tres tenores, queda relegado a un discreto segundo plano, donde ya casi nadie mira. Un clásico que ni el mejor guionista de Hollywood habría escrito con más precisión.
Así es el mundo en que vivimos,
uno donde se pide más sin producir más,
donde el ruido tapa la sustancia,
y donde la realidad, convenientemente maquillada, se convierte en espectáculo.
Y luego se preguntan por qué algunos tienen la extraña sensación de que nos toman por idiotas.
Quizá no sea una sensación. Quizá sea simplemente el nuevo modelo de gobernanza, con mucho pan, circo… y si falta el pan, más circo.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 03/05/2026

Etiquetado en:

,