Pedro Sánchez es “el jefe de una banda de malechores que se ha apropiado del Estado”.
No existe mejor y más preciso titular que el que ha creado con estas palabras el escritor y académico de la Lengua, Félix de Azúa , en su artículo en The Objective.
La honestidad y el arrojo del autor definen una situación de pre dictadura a la que nos enfrentamos en un contexto tóxico de riesgo para la democracia en España.
La prueba del nueve está en que los críticos más demoledores del riesgo que estamos corriendo son intelectuales y políticos que no ocultan su preocupación por la deriva de un PSOE que dejó de ser socialdemócrata para convertirse en una asociación para la delincuencia liderada por un personaje rodeado de procesados.
Esta situación no sería imaginable sin la complicidad de periodistas y medios de comunicación que actúan siguiendo las consignas del gobierno.
La dignidad de la profesión la mantienen periodistas que desde hace años han sido señalados como pseudomedios cuando eran los únicos que habían investigado y descubierto los casos de corrupción política y económica.
Esta etapa está situando a cada uno en su lugar y los medios de comunicación son responsables de la caída en picado de la credibilidad de algunas cabeceras de periódicos, televisiones y radios donde contratan a activistas políticos como comentaristas mediocres sin ideas propias al servicio de una ideología.
El cuarto poder corre el riesgo de no ser reconocido como independiente porque sobran los comentarios y se echa de menos la credibilidad de los hechos.
Diego Armario