«Dime dónde naces y te diré cuánto aguantas»
Dicen los expertos que los habitantes del norte de España viven más años que los del sur. Tras sesudos estudios, complejos gráficos y toneladas de estadísticas, han llegado a la revolucionaria conclusión de que comer mejor, vivir con menos calor y sufrir menos estrés ayuda a vivir más tiempo.
Quién lo hubiera imaginado…
Durante siglos la humanidad buscando el elixir de la eterna juventud para descubrir que quizá consistía en no freírse a cuarenta grados a la sombra mientras se paga una hipoteca, un alquiler y tres impuestos por respirar.
Pero la geografía no solo determina la esperanza de vida. También influye en la esperanza política.
Por ejemplo, en Gran Bretaña, cuando un primer ministro no cumple las expectativas, dimite. Keir Starmer acaba de descubrir que el cargo no incluye garantía ilimitada de permanencia. Con su marcha, los británicos sumarán siete primeros ministros en apenas diez años.
En España, en cambio, hemos desarrollado una tecnología política mucho más avanzada como es la permanencia cuántica.
Aquí un dirigente puede sobrevivir a escándalos, investigaciones judiciales, manifestaciones multitudinarias, derrotas electorales parciales, socios enfadados y ruedas de prensa sin preguntas.
Es una especie de inmortalidad institucional que debería ser estudiada por los mismos científicos que investigan la longevidad del norte.
Porque si en Asturias viven más años las personas, en Madrid parecen vivir eternamente algunos gobiernos.
Mientras tanto, el juez Peinado se ha convertido en el último personaje en descubrir que en España hay profesiones de riesgo. No porque sea necesariamente el mejor instructor del país, sino porque ha tenido la osadía de investigar donde otros prefieren pasear con pies de plomo.
Tras las medidas cautelares impuestas a Begoña Gómez, las trompetas gubernamentales sonaron al unísono. El ministro Bolaños salió en defensa de las instituciones, de la policía y prácticamente de todo aquello que pudiera sostener el relato.
Una escena conmovedora.
Especialmente porque nuestro país ya conoció algunas curiosas desapariciones y olvidos logísticos. Luis Roldán consiguió evaporarse durante meses. Puigdemont sigue protagonizando uno de los juegos del escondite más caros de Europa. Y Delcy Rodríguez logró aterrizar en suelo español pese a las restricciones comunitarias como quien entra por la puerta de atrás de una fiesta privada.
Pero claro, aquello debió de ser culpa de la meteorología.
Hablando de memoria selectiva, esta semana se cumplieron treinta y nueve años del atentado de Hipercor, una de las mayores barbaridades cometidas por ETA, con veintiuna víctimas mortales y decenas de heridos.
El aniversario pasó discretamente por el calendario institucional, casi de puntillas.
Sin embargo, sí hubo tiempo para dedicar unas palabras de recuerdo a un miembro de la banda terrorista fallecido en prisión.
Y aquí es donde la suerte geográfica vuelve a aparecer.
Porque hay países donde las víctimas ocupan el centro del relato y los verdugos las notas al pie. Y hay otros lugares donde el orden de los factores parece haberse alterado misteriosamente.
Al final, cuando los egos chocan, la verdad sale despedida por la ventana. Cada cual construye su propio espejo, se contempla en él y acaba convencido de que el reflejo es la realidad.
Quizá por eso unos viven más años y otros parecen vivir en una realidad paralela.
La verdadera suerte no consiste en nacer en el norte o en el sur.
La verdadera suerte es nacer en un lugar donde la memoria no tenga ideología, donde la justicia no necesite permiso y donde la responsabilidad política no sea una especie protegida en peligro de extinción.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 23/06/2026

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