Hay expresiones que sobreviven al paso del tiempo porque, por mucho que cambien las enfermedades, los políticos y los remedios, siguen teniendo una vigencia extraordinaria. «No hay tu tía» nació de la atutía, aquel antiguo ungüento de origen etimológico árabe, al que se atribuían propiedades casi milagrosas. Cuando ya no quedaba remedio, se acabó la discusión, no había atutía que valiera.
Y algo parecido parece ocurrir últimamente en España.
Mientras en Ceuta comienza el curso escolar entre polémicas, aparece el batacazo de España en el informe PISA. Y aquí sí que tenemos un diagnóstico preocupante, porque un país que educa mal a sus ciudadanos corre el riesgo de convertirlos en ciudadanos fácilmente manipulables.
Porque el conocimiento no solo sirve para aprobar exámenes; sirve, sobre todo, para pensar por cuenta propia. Y un ciudadano que piensa es bastante más difícil de llevar de la mano.
Luego está esa misteriosa lista de periodistas supuestamente afines al Gobierno, que algunos califican de asunto «interno». ¡Qué tranquilidad!.
En España, cuando algo es interno, parece que automáticamente deja de ser público. Será una nueva aplicación del concepto de transparencia, se ve todo, pero solo desde dentro, está claro cuales son las prioridades de éste gobierno con más de mil asesores.
Y para completar el panorama, se paraliza la llamada ley de nietos, después de las denuncias de Iustitia Europa. Otra mala noticia para quienes pretendan convertir hasta el último rincón de la Administración en una calculadora electoral.
Así que, ante semejante acumulación de remedios políticos, educativos y administrativos, quizá haya llegado el momento de recuperar aquella vieja expresión.
Porque cuando un Gobierno se empeña en vendernos que todo tiene solución, pero cada solución necesita otra solución…
NO HAY TU TÍA. Y mucho menos atutía.
Salva Cerezo