Decimos «pagar el pato» cuando alguien acaba soportando las consecuencias de algo que ha hecho otro. Una expresión antigua y con un origen bastante menos inocente de lo que parece, relacionada según algunas fuentes con la deformación de pacto y con las burlas que sufrieron los judíos españoles.
Pero, cuatro siglos después, seguimos perfeccionando la tradición.
En España parece haberse institucionalizado eso de que unos hacen la fiesta y otros pagan la factura.
Se prometió regeneración, limpieza y ejemplaridad, pero cuando aparecen escándalos, investigaciones o responsabilidades políticas, el ciudadano contempla el espectáculo desde la barrera… y descubre que, una vez más, la factura acaba llegando a su casa.
Porque aquí puede cambiar el Gobierno, cambiar el discurso y cambiar el culpable de turno, pero hay algo que permanece inalterable:
el pato siempre lo paga el mismo.
Y mientras tanto, los de arriba discuten quién rompió el plato, quién tiene la culpa y quién debe dimitir.
Quizá por eso convenga recordar a Cicerón:
«De hombres es equivocarse; de necios, persistir en el error».
Aunque viendo cómo funciona esto, me temo que el problema no es equivocarse.
Es que algunos han descubierto que el pato no lo pagan ellos.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 23/09/2026

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