Cada vez que el ciudadano se encuentra delante de un poder que parece tener más recursos para poner obstáculos que para resolver problemas, aparece una de nuestras frases más castizas: «Con la Iglesia hemos topado».
La frase no es exactamente de Cervantes. Don Quijote dijo: «Con la iglesia hemos dado, Sancho», refiriéndose al edificio que tenían delante. Con el tiempo, aquello se convirtió en una expresión para señalar que habíamos tropezado con una autoridad poco amiga de poner las cosas fáciles.
Y hoy tampoco hace falta ir a buscarla al Toboso.
Basta con intentar resolver cualquier asunto con la Administración.
Permisos, licencias, impuestos, vivienda, burocracia, papeleo… Uno entra con una carpeta y sale con un máster.
Y mientras tanto, el problema de la vivienda sigue creciendo. El Banco de España calcula que entre 2022 y 2024 se acumuló un déficit de más de 400.000 viviendas, mientras la creación de hogares continúa superando ampliamente a la construcción de nuevas casas. En 2028 se prevé que el déficit será de un millón, un regalo envenenado para los sucesores.
Pero aquí viene lo verdaderamente curioso: cuando preguntamos por qué las cosas no funcionan, siempre aparece alguien dispuesto a explicarnos que hace falta otra ley, otro decreto, otra comisión, otro organismo y, naturalmente, otro asesor.
Eso sí: la famosa cifra de los 400.000 políticos que circula por las redes tampoco parece sostenerse con datos oficiales. Hay bastante menos, aunque suficientes para que el ciudadano tenga la sensación de que, cuando intenta atravesar el laberinto administrativo, siempre hay una ventanilla esperándole al final.
Quizá el problema no sea que haya demasiados políticos.
Quizá sea que hay demasiadas puertas y muy pocas salidas.
Y mientras los de arriba discuten quién tiene la llave, los de abajo seguimos esperando que alguien nos abra.
Como diría Séneca, para ser feliz hay que vivir en guerra con nuestras propias pasiones y en paz con las de los demás.
Lo que no dijo el bueno de Séneca es qué hacer cuando la Administración está en guerra contigo.
Porque entonces, amigo mío, ya no sabemos si hemos topado con la Iglesia…
o con todo el santoral administrativo.
Salva Cerezo