Antiguamente, en algunas posadas había que invocar a los santos antes de probar la carne, no fuera a ser que el cabrito anunciado tuviera bigotes y maullara. Hoy hemos perfeccionado el truco: ya no hace falta cambiar la carne, basta con cambiarle la etiqueta.
En política, prometer una cosa y entregar otra se ha convertido en todo un arte gastronómico. Se anuncia regeneración y aparecen viejos vicios; se promete transparencia y terminamos buscando la letra pequeña; se habla de progreso mientras muchos ciudadanos hacen malabarismos para llegar a fin de mes. Y cuando alguien pregunta por el menú, siempre hay un portavoz dispuesto a explicarnos que lo que parece gato es, en realidad, un cabrito con problemas de comunicación.
Mientras tanto, la izquierda vuelve a exhibir sus divisiones, incapaz de ocultar que las diferencias de siglas, sillones y protagonismos pesan más que los discursos de unidad. Y Pedro Sánchez continúa en el centro del tablero, donde cada socio tiene su precio y cada pacto exige una explicación.
En el capítulo internacional, Marruecos recibe miles de millones de euros en remesas enviadas por sus ciudadanos desde el extranjero, mientras la Unión Europea financia programas de cooperación con el país. Conviene distinguir ambas cosas, las remesas son dinero privado de los emigrantes, no subvenciones europeas, aunque aportan una inyección al PIB. Mezclarlas sería, precisamente, otra manera de servir gato por liebre.
Porque el verdadero problema no es que nos vendan gato, sino que pretendan cobrárnoslo a precio de liebre y, encima, nos exijan agradecer el banquete.
Cornelio Tácito dejó una reflexión que conserva toda su vigencia: «Raros son esos tiempos felices en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa».
Y es que una democracia sana necesita ciudadanos que pregunten, contrasten y no traguen con todo. Porque la libertad empieza cuando dejamos de confundir propaganda con verdad y promesas con resultados.
¡Buen provecho! Pero, por si acaso, antes de pagar la cuenta, pidamos que nos enseñen qué demonios nos han puesto en el plato.
Salva Cerezo