Esta expresión viene que ni pintada para describir ciertas conductas políticas. El betún sirve para abrillantar los zapatos, y como estos están a ras de suelo, quedar a su altura significa caer muy bajo. Aunque hay quien, por medrar, no tiene inconveniente en arrastrarse todavía un poco más. Al fin y al cabo, la dignidad cotiza en bolsa y algunos la venden al peso.
Después de varios días de intrigas, rumores y agonía política, el ministro Puente ha terminado presentando su dimisión. Ha costado lo suyo, pero parece que hasta los sillones ministeriales tienen fecha de caducidad cuando el desgaste supera el presupuesto de maquillaje. Eso sí, conviene no confundir dimitir con asumir responsabilidades, a veces simplemente se abandona el barco cuando el agua ya llega al despacho.
Y mientras tanto, la Puerta del Sol ha visto cómo se desalojaba el campamento después de 38 días. Se cierra una acampada, pero se abre un rosario de responsabilidades judiciales que promete animar la campaña electoral del próximo 29 de noviembre. Porque en política, cuando se levanta una tienda de campaña, lo verdaderamente interesante suele aparecer debajo de la alfombra.
Lo curioso es que algunos confunden la lealtad con la obediencia, la responsabilidad con el sacrificio de un subordinado y la dignidad con conservar el cargo a cualquier precio.
Y así nos va. Unos dimiten cuando ya no tienen escapatoria, otros aguantan hasta que se les acaba el betún y algunos siguen lamiendo zapatos por si cae alguna prebenda.
Decía mi abuela que hay que tener los pies en el suelo, pero algunos han hecho de arrastrarse una profesión y de la sumisión una carrera política.
Porque una cosa es dar brillo a los zapatos y otra muy distinta perder la dignidad por limpiarlos.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 04/11/2026