Hay noticias que apenas ocupan unas líneas en los periódicos, pero que para algunos tienen el tamaño de toda una vida.
SEAT, después de más de setenta años, parece encaminarse hacia el final de su fabricación bajo el paraguas de Volkswagen. Y con ella se marcha algo más que una marca, se marcha una parte de aquella España que aprendió a caminar sobre cuatro ruedas.
Porque hubo un tiempo en que tener un SEAT 600 no era simplemente tener un coche. Era haber aprobado el examen de acceso a la clase media.
Aquel pequeño utilitario tenía más voluntad que caballos. Cabíamos todos: padres, hijos, abuela, maletas, tortilla de patata y hasta la esperanza de que el motor aguantara la subida.
Con él aprendimos a conducir, descubrimos España y muchas familias pudieron permitirse algo que hoy parece casi ciencia ficción, como era viajar, comprar una vivienda y hasta tener una segunda residencia, mientras hoy nuestros jóvenes solamente aspiran a dormir en una habitación.
Y, de paso, el 600 también abrió puertas. Muchas mujeres comenzaron a desplazarse con mayor independencia, a estudiar, trabajar y descubrir que el mundo quedaba bastante más allá de la esquina de su barrio.
La canción de Mocedades lo retrató con aquella mezcla de humor y ternura:
“Tiene dos escapes y más luces que un belén,
más ruido que nueces y no pasa de los cien.
De Madrid al cielo y del cielo al Mulhacen.
Baño los domingos, tortilla y mujer»
.
Adiós Seat, adiós a una época de clase media.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 05/09/2026

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