Los fantasmas del Ejército de Estados Unidos han vuelto a escena. Treinta minutos bastaron para extraer a Nicolás Maduro y a Cilia Flores en una operación quirúrgica digna de película… o de subasta. Porque cuando hay 50 millones de dólares de recompensa, la eficacia democrática suele multiplicarse.
Los prósperos aparecen rápido, Washington, los seguidores de Trump, los aspirantes al poder en Venezuela y, de rebote, Putin, que observa Ucrania con algo más de margen. Los oprimidos celebran; los que vivían del régimen no saben si esconderse o reciclarse.
Mientas las redes sociales están encendidas, surge una gran incógnita, no es cómo entraron, sino quién tenía la contraseña. Ninguna dictadura cae en media hora sin puertas abiertas desde dentro. La fortaleza bolivariana resultó tener clave fácil… o lealtades de saldo.
En España, el presidente se ofreció en un principio como mediador, protagonizando otro capítulo del esperpento internacional. La progresía, algunos haciendo el ridículo, defiende al dictador con fervor contable y Zapatero, probablemente, ajusta el cuello de la camisa. Me pregunto si enviarán una flotilla a Venezuela pagada con nuestros impuestos.
Moraleja: cambian los nombres, cambian los uniformes, pero el poder no desaparece, solo cambia de manos. Y, aunque todo parece estar a favor de la democracia, casi siempre prospera el que conoce la contraseña. Por ejemplo: ¿qué pasará con el petróleo venezolano?, ahí lo dejo…
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 06/01/2026

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