Que EH Bildu incorpore a personas condenadas por terrorismo en sus listas no constituye ninguna novedad. Sí es un hecho significativo que la formación política heredera del proyecto de ETA se haya convertido en un socio parlamentario preferente para un partido como el PSOE.

Esta alianza habría sido inconcebible hasta hace pocos años, pero la ruptura del Gobierno de Pedro Sánchez con el patrimonio histórico del socialismo en España ha intentado forzar el proceso de normalización de la formación ‘abertzale’.

Que el Partido Socialista se haya apoyado en Bildu no es la última etapa del proceso: estando a las puertas de unas elecciones que serán determinantes en País Vasco y Navarra, empieza a hacerse posible que la geometría de la alianza se invierta y que acaben siendo los socialistas los que acaben facilitando gobiernos encabezados por aquellos que orgullosamente se exhiben como herederos del terror.

La complicidad entre el PSOE y Bildu se ha desarrollado en un curso tan constante como ascendente. En diciembre de 2019, en el marco de las negociaciones de la investidura de Pedro Sánchez, Rafael Simancas y Adriana Lastra celebraron un encuentro con Oskar Matute, Gorka Elejabarrieta y Mertxe Aizpurua que aspiró a consagrar la homologación de EH Bildu con el resto de partidos políticos.

Así lo celebró el diario ‘Gara’, que no dudó en interpretar la cita como el final de la segregación de la formación liderada por Arnaldo Otegi. En mayo de 2020, el logo de EH Bildu apareció junto al del PSOE y el de Unidas Podemos en un acuerdo relativo a la derogación de la reforma laboral que apenas habría de durar.

A las pocas horas, desde Ferraz se aclaró que el punto primero del pacto quedaba anulado, pero la relación entre las formaciones se mantuvo. En septiembre de ese mismo año Pedro Sánchez expresó un pésame público desde la tribuna del Senado por el suicidio del preso Igor González Sola.

Al mes siguiente, Bildu y el PSOE firmaron un manifiesto conjunto con ERC, Junts per Catalunya, la CUP, PNV, BNG, Más País y Compromís. El texto paradójicamente se pronunciaba en defensa de la democracia. El buen entendimiento entre los socialistas y los ‘abertzales’ quedó finalmente rubricado el pasado mes de abril, momento en el que el Gobierno delegó la comunicación del acuerdo de la ley de vivienda en manos de ERC y EH Bildu.

Recordemos que Pablo Iglesias expresó con claridad su intención de que Bildu formara parte de la dirección del Estado, incluso sin que mediara una solicitud de perdón y la restitución del daño causado. En apenas cuatro años, el Partido Socialista ha optado por equiparar a Bildu a los demás partidos democráticos a pesar de que los de Otegi están todavía lejos de haber recorrido la transición política exigible para ser considerados como una opción enteramente democrática.
La inclusión en las listas de personas condenadas por terrorismo elimina esa posibilidad pero muy probablemente no será la última etapa de la complicidad establecida con los socialistas.
Hasta la fecha fue Bildu quien apoyó el PSOE pero, después de las próximas elecciones, ciudades como Vitoria o Pamplona, o diputaciones como la de Guipúzcoa y un centenar de municipios podrían acabar en manos de la izquierda abertzale si se cumple la máxima que elevó a Pedro Sánchez a la Secretaría General de su partido y que señala que es mejor coaligarse con cualquier izquierda, sin importar su condición extrema, antes que establecer pacto alguno con la más moderada de las opciones de signo contrario.
ABC