De repente todo cambió,
los abrazos volaron,
como aquellas hojas secas,
los besos ya no saben a miel,
porque el viento los lleva de mis dedos
a tierra firme, ya no posan en tus labios carnosos.

Ya no puedo ver la sonrisa que me ofrecen
cuando me saludan,
veo una máscara de colores
en los rostros, no sé si ríen o lamentan,
solamente hablan los ojos
ansiosos porque todo esto termine.

Un día cualquiera él, llegó
para asolar la tierra inundada de sueños y esperanzas;
se posó sin permiso en la piel
para apagar la voz de cantos mágicos
y voces de luz.

Recorrió el universo pegado en las manos,
en el cabello que mecía el viento,
se quedó en el alma de aquellos que se fueron,
más allá de las estrellas,
él se llama virus, es tan pequeño, invisible,
mortal y asesino.

Se ríe del dolor ajeno, no le importa acabar
con las ilusiones de mi prójimo,
por eso lo aborrezco y deseo para él,
el destierro infinito o la destrucción total.

Feliz descanso y mucho ánimo.