Mariposa de sombras
enciendes el encono en la memoria,
penetras en el alma
y rasgas el tiempo cenagoso.

Sometidas por las heridas más profundas
(hieden de tan viejas)
devoras lo que queda de ternura.

En ti germina un desasosiego
y flotan en tu mente los reproches
por no haber descubierto entre la hierba
el milagro de la aceituna y el venero.

Ahogas tu titilante vela,
atrás de la cortina aguardas
con tu talega de corroídos huesos.

María Elena Solórzano