¿Qué tendrá el poder que, en cuanto alguien lo roza, le brota el colmillo como al hombre lobo en luna llena? Debe de ser contagioso. Un virus raro, de esos que no salen en las estadísticas del Ministerio porque no conviene.
Lo último en el catálogo de la picaresca política patria es la joya del falso call center en Aragón con llamadas a ciudadanos imitando la voz de dirigentes socialistas para advertir, con tono apocalíptico, de que si votan al PP se acabará el mundo tal y como lo conocemos. Que si las pensiones se hunden, que si el futuro es un desierto, que si el dinero invertido se va por el desagüe… Vamos, una mezcla entre Nostradamus y teleoperador con prisa por cerrar objetivos de fin de mes.
Eso sí, tecnología para clonar voces hay. Presupuesto para campañas de miedo, también. Para ingeniería emocional, siempre hay barra libre. Lo que no hay, curiosamente, es cinco míseros millones de euros para que el doctor Barbacid, ese científico español que ha conseguido frenar el cáncer de páncreas en ratones, pueda dar el siguiente paso en algo que no da votos inmediatos, pero sí esperanza real a miles de familias.
Aquí el dilema moral es de manual,
¿Invertimos en asustar abuelos por teléfono o en intentar que los abuelos no mueran de cáncer?
Parece que el Excel del poder lo tiene claro, el miedo cotiza mejor que la ciencia.
Mientras tanto, el ciudadano recibe llamadas fantasma, amenazas con voz clonada y promesas que duran lo que un anuncio electoral. Y el investigador sigue mendigando recursos como si la salud pública fuese un hobby caro y no una prioridad de país.
El poder, cuando se instala, no solo saca lo peor del ser humano, saca también lo más ridículo. Porque hay que tener poca vergüenza, y mucha imaginación, para montar una película de terror telefónico y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando se trata de financiar avances médicos que podrían salvar vidas.
En fin, que al final uno tiene la sensación de que en este país la ciencia pide limosna mientras la propaganda va en taxi oficial. Y luego se preguntan por qué la gente desconfía, se enfada o apaga la tele.
Cría cuervos, sí.
Pero luego no te sorprendas si un día te despiertas sin ojos… y sin vergüenza.
Salva Cerezo