El sueño húmedo del ilusionista político
Pedro Sánchez partió rumbo a Iberoamérica con la maleta llena de sonrisas diplomáticas y promesas de fraternidad, dejando tras de sí un Congreso más desierto que la sinceridad en campaña electoral.
Y es que, mientras el presidente se pasea por el otro lado del charco vendiendo su marca personal, Junts, sí, esos socios de conveniencia, le han dado la puntilla definitiva a su “idilio legislativo” intentando así salvarse de su agonía política. Adiós a la ley Bolaños, adiós a la ley Begoña, y adiós a los presupuestos, ese unicornio que solo Sánchez parecía ver galopando por los pasillos de Moncloa.
Dicen que el amor y la política se parecen, porque ambos terminan cuando una de las partes se cansa de fingir. Junts, cansado del teatro, ha decidido abandonar el escenario justo cuando el público comenzaba a bostezar. Y mientras tanto, el telón cae sobre un gobierno que, entre imputaciones, sospechas sobre el ministro Torres y funcionarios al borde de una huelga general, parece más un circo que un consejo de ministros.
La gran pregunta retumba en el aire: ¿se puede legislar con una minoría parlamentaria? En teoría, sí; en la práctica, solo si los milagros fiscales los firma San Pedro… y no precisamente el de La Moncloa que sigue apelando a esa cita de Séneca: «vincit qui patitur» (vence quien padece).
Y así, entre viajes, desaires y promesas rotas, Sánchez se aferra a su eslogan estrella: “las concesiones al independentismo mejoran la convivencia”. Claro que sí, presidente. Pero no olvide el viejo refrán español que hoy resuena con fuerza en el Congreso:
“Quien con niños se acuesta, meado se levanta.”
¡Bravo, señor presidente! Ha demostrado ser un auténtico lumbreras… eso sí, de los que alumbran poco y se funden pronto.
Salva Cerezo