En la España del siglo XXI ya no hacen falta molinos de viento, con un par de redes sociales y una frase de “sujétame el cubata” se puede fingir que se lidera una cruzada épica mientras el país avanza… pero hacia atrás.
La semana próxima se prepara huelga ferroviaria. No por capricho, ni por subidas salariales de las que tanto se quejan los tertulianos de despacho. No. Por algo tan exótico como seguridad e inversión. Detalles menores, ya se sabe. Bagatelas para un país que se permite el lujo de perder almas en los raíles mientras discute si el problema es la huelga o el que pita el silbato.
Pero no pasa nada, mientras los trenes crujen, la Marca España se refuerza en el extranjero con el aroma inconfundible de país pintoresco donde lo estructural se tapa con fuegos artificiales dialécticos. Total, ¿qué son unas infraestructuras seguras comparadas con una buena bronca en X?
Ahí entra en escena Pedro Sánchez, que ha decidido desempolvar su colección de juguetes favoritos,
cuando la realidad aprieta, se pelea con gigantes imaginarios. Esta vez no son molinos, sino “tecno-oligarcas”, esos magnates de las redes sociales a los que se les culpa de todos los males, desde la desinformación hasta el mal tiempo en Semana Santa.
La frase, cortesía del inefable Óscar Puente, quedará para los anales del folclore político digital,
“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, señal de que cabalgamos”.
Una frase tan épica como falsa, tan quijotesca como apócrifa. Cervantes se removió en su tumba, Rocinante relinchó desde el más allá y Sancho, de haber existido en la Moncloa, habría pedido un aumento de dietas por tener que aguantar la metáfora.
Mientras tanto, Bruselas, ese molesto Pepito Grillo con acento europeo, recuerda que el Gobierno español no tiene competencias para ir “contra dirigentes particulares” por muy villanos de cómic que se pinten en el relato oficial. Pero, claro, Europa siempre estropea la épica con tecnicismos legales. Qué poco poética es la burocracia.
Así que aquí estamos,
Trenes en huelga por falta de seguridad.
Elecciones con resaca.
Infraestructuras que piden auxilio.
Y el Gobierno cabalgando… pero sobre un eslogan prestado y un enemigo de cartón piedra.
En el fondo, la estrategia es vieja,
si el país cojea, haz que ladren los perros.
Si el tren se descarrila, culpa al mensajero.
Si la realidad incomoda, inventa una epopeya.
Porque en esta España de marketing político, no importa tanto hacia dónde cabalgamos, sino que parezca que avanzamos… aunque sea en círculos, montados en una noria que gira, gira y gira, mientras los de abajo siguen esperando que alguien, alguna vez, se baje del caballo para arreglar la vía.
Salva Cerezo