Desmontando la estrategia de adoctrinamiento político de la izquierda
Se comienza con una palabra cuidadosamente elegida, se repite hasta convertirla en relato y termina imponiéndose por el miedo al aislamiento
Las mentiras rara vez aparecen desnudas; serían demasiado evidentes. Por eso la primera estrategia es disfrazarla con palabras bonitas. Por ejemplo, la impunidad de la amnistía se disfraza de convivencia. Se utiliza un fragmento de la verdad para llevar la realidad a la mentira que me interesa.
El objetivo es cambiar la opinión pública. O al menos, sembrar la duda. ¿Será verdad que a Sánchez le están montando una campaña para apearlo del poder?, podrán pensar algunos tras su temple en sus ruedas de prensa.
El sistema de construcción de la mentira es reconocible. Y no se trata sólo de esconder la corrupción sino de marcar el entorno de convivencia: qué es deseable y qué es inaceptable, que palabras debemos usar y cuáles quedan prohibidas.
Seleccionar parte de la realidad
La mentira eficaz no es la que califica negro al blanco sino la que se ciñe al gris que le conviene. Afirma un hecho real, pero esconde el que no le beneficia. Sin contexto, un mismo dato puede significar lo opuesto.
Por eso lo importante no es lo que se cuenta sino lo que se omite. Por ejemplo, el gobierno presume de tener un crecimiento del PIB muy por encima de la media europea. Pero omite que el PIB per/cápita está estancado y con creciente diferencial respecto a Europa. La realidad es que la economía española está en crisis por mucho que el gobierno quiera vender que vamos “como un cohete”.
El bautizo es la clave
La siguiente fase es ‘bautizar’ la realidad. El que domina el lenguaje domina la realidad. Si al aborto lo llamamos “interrupción voluntaria del embarazo” apelamos a un ejercicio de libertad en lugar de arrebatar el derecho a la vida de un ser humano único, diferente, irrepetible e inocente.
Si a los centros concertados en lugar de llamarlos privados los llamamos “de iniciativa social” podemos en valor que la sociedad se ha organizado por sí misma y con iniciativa sin esperar pasivamente la intervención del Estado.
Si al impuesto lo llamamos “contribución solidaria” lo dulcificamos, aunque no deja de ser una “imposición” no voluntaria y por tanto no solidaria.
Si a educación para la ciudadanía la llamamos “adoctrinamiento de género” expresamos mejor la realidad de lo que ocurre en las aulas. Si a la cesión al chantaje político secesionista lo llamamos “normalización” tratamos de edulcorar lo que no deja de ser un chantaje.
Derechos, solidaridad, convivencia, social, integración, igualdad. Son palabras talismán con las que cualquier cosa que envuelvas con ellas entra bien.
En cambio, imposición, autoridad, jerarquía, presión o poder son palabras que dañan todo lo que toquen.
El marco moral
Todo esto se construye sobre un marco moral, un relato con víctimas inocentes, culpables reconocibles y odiosos y héroes salvadores revestidos de superioridad moral.
La izquierda lo tiene claro. El odioso es Abascal que no tiene misericordia con los indefensos, las víctimas son los españoles que pueden caer en manos de un desalmado que va a recortar derechos y el héroe es ‘su sanchidad’.
Es verdad que el héroe está cada vez más empañado. Pero si logramos imponer el relato hasta los ‘inconvenientes’ son perdonados con tal de no caer en manos del ogro cruel, egoísta e ignorante. Si repartes carnets de demócrata o de bondad, has ganado.
El caso emocional
Y todo esto hay que ‘vestirlo’ a través de un caso emocional, una historia, un relato. Una persona real, con un sufrimiento real. Lo importante es el testimonio, no la realidad. Porque el testimonio es incontestable. La angustia de quien puede perder todo por el fuego o el dolor y enfado de quien lo ha perdido todo no es discutible.
Por eso los propagandistas de TVE buscan siempre testimonios que remen a su favor. Y si no los tienen, se los inventan…
Porque además, vivimos en un tiempo donde lo emotivo prima sobre lo racional, donde “me gusta” está por encima de “cierto” y donde responder con hechos y datos a un sentimiento es observado como insensible, inhumano, ausente de empatía.
Los expertos…
Otra estrategia es recurrir a expertos que digan lo que tu quieras. El argumento de autoridad de toda la vida. ¡No lo digo yo, lo dice Fulano, que es un experto’.
Si lleva bata blanca y hay instrumentos extraños de fondo o muchos libros, mejor. Lo importante es transmitir la imagen de que es un sabio cuyo conocimiento es incontestable. Oponerse a su opinión es colocarse frente a la ciencia y la verdad, convertirse en un bárbaro.
En realidad la ciencia avanza sobre la discusión, el permanente cuestionamiento, la revisión de las tesis, el planteamiento de alternativas. Pero todo esto se esconde. Porque se trata de construir relato no de avanzar cientificamente.
El ‘mantra’ del cambio climático es un extraordinario ejemplo de esto.
Silenciar la disidencia
El mejor desprecio es no hacer aprecio. La mejor estrategia para acallar a la disidencia es acallarla, esconderla, no darle espacio en los medios.
La desigualdad sistémica en el tratamiento de hechos similares también es una forma de manipular. Si la manada es ‘nacional’ se ofrecen los detalles y se amplifica. Pero si los agresores son extranjeros se trata de ocultar o minimizar y se esconde la nacionalidad.
Si un padre se suicida con su hijo, el padre mata a su hijo. Si en lugar de un padre es una madre, ambos se suicidan por la violencia del varón…
Si el hecho es insostenible como la violación y asesinato de una jóven a manos de un extranjero, es un “caso aislado”. Si es un islamista extranjero quien arrolla la marcha del orgullo gay alemán se lamentan de que no haya sido un blanco nacional…
No hay hechos inventados, pero si ‘correctamente’ seleccionados…
Castigo al discrepante
Cuando el relato está suficientemente asentado, comienza la disciplina social, la ‘inquisición laica’.
Quien cuestione, por ejemplo, el cambio climático, será sometido al desprestigio social, la pérdida de oportunidades profesionales, expulsión de espacios sociales. Es decir, la ‘muerte civil’.
Y apaleado uno, educados todos. Y comienza la autocensura. Nadie quiere ser el apestado, el marginado. El profesor aprende que es mejor no cuestionar determinados “dogmas”. El periodista suaviza su titular y todos tratan de sobrevivir para evitar problemas.
Los que dudan miran de reojo y no observan ningún disidente, así que optan por no quedarse fuera del corral. Ya no hace falta ninguna ‘Gestapo’. La policía de balcón hace su trabajo con eficacia alemana…
Todo sea por el consenso, esa apariencia de paz que revela la muerte de la democracia, como sabiamente apuntaba Dalmacio Negro.
Reescribir la historia
Y si la historia no es propicia, se reescribe. El objetivo es adaptar los hechos al relato actual. O sea, la memoria histórica: ganar la guerra en los libros que se perdió en el campo de batalla.
¿Y cómo es posible reescribir la historia estando la documentación tan accesible en la era digital? Porque hay que digerirla. Y cada uno escoge el restaurante que quiere. Y el restaurante elige la materia prima que quiere. Voilá.
Memoria corta
La mala memoria y la velocidad del escándalo hacen su ‘milagro’. Cada escándalo borra el anterior y la capacidad de digestión es cada vez menor. Porque no es posible digerir toda la información publicada ni comprobar el contexto ni verificar los datos.
El resultado es la desconexión. Como no puedo entenderlo, me desenchufo.
Desde Actuall, humildemente, luchamos contra esta estrategia de intoxicación política. Ofrecemos el contexto real, desnudamos la voluntad adoctrinadora, ordenamos adecuadamente la información y la ofrecemos en un formato digerible para el gran público dando la opinión de profundizar.
Frente a la mentira, verdad; frente a la manipulación, información; frente al adoctrinamiento, criterio.
Luis Losada Pescador (Actuall.com)