Cuando algo se convierte en un desorden monumental, donde nadie parece saber muy bien quién manda, quién apoya a quién y quién terminará votando qué, los españoles tenemos una expresión muy gráfica: “Esto es una merienda de negros”.
Una expresión antigua, nacida de aquellos bululús que, entre vino, música y baile, acababan con más de un altercado y bastante poco orden.
Pues bien, no hace falta viajar demasiado lejos para encontrar una versión moderna.
Tenemos dos decretos sobre vivienda, un Gobierno, varios socios, una oposición, unos cuantos grupos parlamentarios y un Congreso que el viernes tendrá que decidir si los convalida o los manda de vuelta al Consejo de Ministros.
Y, por si faltaba algún ingrediente, el Gobierno ha decidido partir las medidas en dos decretos, de manera que una cosa es votar el paquete de medidas de vivienda y otra la renovación automática de los alquileres. Una operación que algunos interpretan como estrategia parlamentaria y otros como una forma de asegurarse al menos una parte del paquete.
El resultado, de momento, tiene todos los ingredientes de nuestra famosa merienda, unos quieren aprobarlo todo, otros no quieren aprobar nada, algunos socios ponen condiciones, otros reservan el voto y los ciudadanos, que son quienes pagan el cubierto, contemplan el espectáculo desde la mesa de al lado.
Mientras tanto, la vivienda sigue sin ser precisamente una fiesta, con la protesta indefinida en plena Plaza del Sol de Madrid
Quizá lo más curioso sea que para solucionar un problema que afecta a millones de españoles haya que montar semejante bululú político.
Y es que en España tenemos una curiosa habilidad, que cuando no somos capaces de ponernos de acuerdo sobre cómo arreglar la mesa, empezamos discutiendo quién pone los platos.
El viernes veremos si hay merienda.
Lo que parece seguro es que negros, blancos, rojos, azules o morados, al final la cuenta siempre acaba llegando al mismo sitio: al ciudadano.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 30/09/2026

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