No dar puntada sin hilo significa no hacer nada gratuitamente, sin esperar algún beneficio a cambio. La expresión procede del antiguo oficio de las modistas, que, mientras “le daban a la hebra”, procuraban que cada puntada quedara bien asegurada.
En política, sin embargo, parece que la cuestión no es asegurar la puntada, sino asegurar el rédito.
Y nuestro expresidente parece tenerlo perfectamente aprendido.
Convoca elecciones y, de repente, le entra una prisa extraordinaria por resucitar en un Consejo de Ministros algunos decretos que el Congreso acaba de tumbar. Como por el Congreso no salen las cuentas, siempre queda la Diputación Permanente, donde los números son más cómodos. Eso sí que es aprovechar bien el hilo.
Porque cuando la mayoría parlamentaria no acompaña, siempre queda la posibilidad de cambiar de aguja.
Y después está la vivienda. ¡Ah, la vivienda!
Ese maravilloso problema que lleva años creciendo delante de nuestras narices y que ahora, coincidiendo con unas elecciones, parece haberse convertido en la gran prioridad nacional.
Pero vamos a ver, señor Sánchez, si durante años aumenta el número de residentes, mientras la construcción de vivienda nueva no crece al mismo ritmo, ¿qué esperaba? ¿Que las casas se reprodujeran por esporas?
Más habitantes + pocas viviendas = viviendas más caras, de primero de EGB.
No hace falta un comité de expertos, seiscientos asesores y una cumbre europea. Basta con saber sumar, o saber el principio de los vasos comunicantes de Pascal.
Lo verdaderamente curioso es que quien ha tenido años para afrontar el problema ahora pretenda presentarse como el bombero que viene a apagar el incendio. Eso sí, después de haber estado mirando cómo ardía el bosque.
Y para completar la función, aparece otro pequeño milagro administrativo. La playa del Trampolín llevaba sesenta días sin limpiarse y, de repente, en veinticuatro horas queda adecentada y sin un solo migrante. Sesenta días sin poder… y veinticuatro horas pudiendo.
Pues mire usted qué cosas. Resulta que sí se podía.
Quizá el problema no era la falta de medios, sino la falta de voluntad. O quizá faltaba algo más sencillo: que alguien recordara que había elecciones cerca.
Porque en política hay cosas que no se hacen cuando hacen falta, sino cuando conviene que se vea que se hacen. Y ahí está la verdadera puntada.
No se trata de coser el roto. Se trata de que el ciudadano vea la aguja, el hilo y, si puede ser, hasta la tijera.
Shakespeare decía: «Mucha amistad es simulación; mucho amor es locura».
En política podríamos actualizar al clásico:
Mucho discurso es propaganda, mucha promesa es campaña y demasiada puntada… lleva hilo electoral.
Y mientras tanto, los ciudadanos seguimos esperando que alguien, alguna vez, cosa los agujeros sin preguntarnos primero cuántos votos caben dentro de cada puntada.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 06/10/2026

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