El suma y sigue de las exigencias catalanistas, primero con la amnistía para luego pasar a sentar las bases de un referéndum de autodeterminación, ahora con que España pida perdón por el fusilamiento de Companys; en tanto se añaden las de Sumar que exige que se reconozca el estado palestino, y la adición de las negociaciones con Bildu de las que Otegui ha comentado exultante que se entra en otra fase política-se deduce que la de la línea recta hacia la independencia-, da cuenta de las ambiciones de Pedro Sánchez que negocia otra legislatura sin líneas rojas y en la confianza de que el Tribunal Constitucional intervenido por Conde-Pumpido le cubra las espaldas en caso de rayar el riesgo del delito en el exceso celo por repetir legislatura.

Y esto no es una coyuntura clásica y previsible de buscar apoyos para una candidatura, sino un gravoso trance de España que se juega la balcanización para que un miserable y aborrecido sátrapa no pierda las prebendas de dictadorzuelo que se ha montado a base de estafa política y elusión de responsabilidades de transparencia como funcionario público

Los mecanismos de defensa de la Constitución para preservar la razón de ser de España se desmoronan, como si lo normalizado fuese transigir con los devaneos delictivos de Sánchez en tanto no reaccionen los garantes del Estado de Derecho, trasladándose esa esperanza de reacción a la Unión Europea que observa con alarmismo las retorcidas manipulaciones de quien ostenta la presidencia de turno en una Europa sobrepasada por la prevaricación y el favoritismo con los desmanes de la izquierda radical a la que pertenece el líder socialista, quien cuenta con el beneplácito incondicional de sus inmorales favorecidos, arrimados a la mesa del amo que les nutre de las cuantiosas sobras del saqueo estatal.

Pero los cabos sueltos de los Fondos Next Generation, la oscura provisión que ha repartido el gobierno más corrupto de la democracia, son una alarma de irregularidad que invita a investigar cuáles son las intenciones de Sánchez para intervenir la Justicia y ceder a las pretensiones del independentismo en pleno. Hasta la antes solícita Úrsula Von der Leyen parece hastiarse del ventajista de las malas artes.

Las denuncias de colectivos y de la Oposición están sobre las mesas de los despachos de Bruselas y quizá sean tantas las evidencias que ¿llamen a capítulo al que está dispuesto a romper España para permanecer en La Moncloa?

Europa, estaría bien que fuese así, vigila.

ÑTV España