En Galicia, el pulpo a feira tiene su ciencia, porque se cuece, se corta, se le pone aceite, sal y pimentón… y a disfrutar. El problema empieza cuando el pulpo se cruza con la política.
Porque estos días a Pedro Sánchez se le está haciendo bola el menú.
En La Toja, entre pulpo y marisco, recibió abucheos mientras la crisis de Ceuta seguía ocupando titulares. Y precisamente esa crisis terminó interfiriendo en la agenda del Gobierno, hasta el punto de congelar temporalmente la negociación de las medidas de vivienda.
Y aquí empieza lo interesante, Ceuta y la vivienda parecen dos platos distintos, pero acaban servidos en la misma mesa.
En Ceuta, problemas de presión migratoria, convivencia y gestión de espacios. En el resto de España, ciudadanos buscando un piso que puedan pagar. Y mientras una parte del país pide soluciones para una crisis y otra reclama soluciones para la vivienda, el Gobierno necesita hacer malabarismos para mantener en pie una mayoría parlamentaria que cada día parece tener menos ganas de colaborar.
Hasta que llega Junts y retira el plato, justo después de amnistiar al profugo Puigdemont.
Los dos decretos de vivienda, que incluían medidas sobre alquileres, desahucios, vivienda pública y acceso a la primera vivienda, quedaron amenazados por el voto contrario de los independentistas.
Así que tenemos a un Gobierno intentando apagar el fuego de Ceuta mientras cocina la vivienda, negocia con sus socios y, de paso, procura que no se le queme el pulpo.
Demasiados fogones para una sola cocina.
Y quizá ahí esté la verdadera ironía, mientras en Sol la gente acampa porque no puede acceder a una vivienda y en Ceuta se reclama capacidad para gestionar una situación cada vez más tensa, en Madrid se sigue intentando cuadrar una receta parlamentaria en la que cada socio trae sus propios ingredientes.
Al final, puede que el problema no sea el pulpo.
El problema es que, de tanto marearlo, alguien se ha olvidado de cocinarlo.
Y como decía Dostoievski: «Si quieres que los demás te respeten, lo más importante es respetarte a ti mismo».
Porque cuando los problemas se acumulan, los ciudadanos no piden una carta más larga.
Piden que, por una vez, llegue la comida a la mesa y que este gobierno Frankenstein se vaya ya.
Salva Cerezo