Dicen que Aragón habla, pero España escucha. Y esta vez, con el micrófono bien alto, el mensaje ha sonado a déjà vu, gana el PP, Vox sube como la espuma de una cerveza mal tirada, y la izquierda… bueno, la izquierda se ha quedado buscando cobertura. Podemos y Sumar no aparecen ni en la foto de familia, como esos invitados que confirmaron y luego “les surgió un imprevisto”.
Las elecciones aragonesas, como ya ocurrió en Extremadura, no son solo una postal autonómica, sino que son un parte meteorológico del clima nacional. Y el pronóstico no es precisamente de cielos despejados para el Gobierno de retales, ese Frankenstein político cosido a base de parches ideológicos, favores cruzados y promesas que caducan antes que el yogur del fondo de la nevera.
El caso de Pilar Alegría merece capítulo aparte en el manual del perfecto sanchismo aplicado. Portavoz del Gobierno, escudo humano del argumentario oficial, profesional del “sí, bwana” institucional… y, cuando llega la hora de la verdad, enviada al frente electoral como quien manda al recluta sin casco a la trinchera. Resultado, una mujer chamuscada, amortizada y apartada. Usada y tirada. Política de usar y tirar, pero sin reciclaje.
Porque en este ecosistema político hay una ley no escrita, el líder permanece, los peones se sacrifican. Sánchez no pierde elecciones; pierden “los territorios”. Él no se equivoca; se equivocan “los contextos”. Él no cae; caen los que estaban debajo. Y mientras tanto, desde Moncloa se ensayan nuevos experimentos en otras comunidades, como quien prueba un motor en banco de pruebas, si se quema, se cambia la pieza y listo.
Castilla-La Mancha asoma ya como próximo laboratorio político. Un liderazgo regional fuerte, con criterio propio, frente a un presidente que no tolera la disidencia ni en versión light. El guion es previsible, se tensa la cuerda, se expone al líder autonómico y, si el experimento sale mal, se pasa página con la frialdad de un cirujano político. Total, los daños colaterales entran en el presupuesto.
¿Próxima parada? Andalucía. La Chus Montero asomando al andén, con el billete de sacrificio ya impreso y el discurso preparado para cuando toque explicar por qué la culpa siempre es de otros. Aquí nadie dimite, aquí se amortiza.
Mientras tanto, el tablero nacional se reordena, PP gobernando, Vox creciendo, la izquierda fragmentada y el sanchismo jugando al Tetris con piezas que no encajan. Pero eso sí, el líder sigue en pie, impoluto, mirando desde arriba cómo el temporal se lleva por delante a los suyos.
Al final, quien siembra vientos, recoge temporales. Y en Aragón ha soplado un aire que no trae precisamente olor a rosas.
Salva Cerezo