En política, saber algo de buena tinta es tener una información fiable. El problema es que algunos políticos parecen escribir con tinta china cuando prometen y con tinta invisible cuando les piden explicaciones.
Vivimos tiempos en los que las noticias falsas vuelan, los bulos se disfrazan de verdades y las verdades incómodas se intentan enterrar bajo toneladas de declaraciones oficiales. Aquí, cada cual tiene su propia imprenta y, curiosamente, todos aseguran tener la exclusiva de la verdad.
Pero hay asuntos que no se resuelven con una rueda de prensa ni con un argumentario prefabricado.
La investigación sobre lo ocurrido en la frontera de Ceuta, con la apertura de la verja y las órdenes que pudieron impartirse aquel 29 de julio, plantea preguntas que merecen respuestas claras. ¿Quién dio la orden? ¿Por qué se tomó aquella decisión? ¿Hubo discrepancias entre los cuerpos policiales? Y, sobre todo, ¿quién asume la responsabilidad?
Preguntas que, de aclararse los hechos, podrían incomodar al ministro Marlaska y salpicar políticamente al Gobierno de Pedro Sánchez. Porque, cuando las decisiones tienen consecuencias, la responsabilidad no puede evaporarse como el humo de un puro en el despacho ministerial.
No se trata de condenar a nadie por adelantado, sino de exigir que se conozca la verdad. Que para eso están las investigaciones, no para decorar los archivos ni para tranquilizar conciencias.
En democracia, los ciudadanos no deberían conformarse con saber algo de buena tinta; tienen derecho a conocer los hechos con luz y taquígrafos.
Y si alguien dio una orden que no debía dar, que responda. Y si todo se hizo correctamente, que se demuestre.
Porque la tinta podrá ser buena, mala o invisible, pero la verdad no debería depender del color político de quien sostiene la pluma.
La verdad nos hará libres, sobre todo cara a las próximas elecciones. Aunque, por lo visto, a algunos les gustaría que llegara con censura previa.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 21/10/2026

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