Hoy daremos una tregua a la política y desearé un Feliz San Valentín a los enamorados de verdad, a los enamorados de los jueves, y a los que hoy están enamorados… pero mañana ya veremos. Porque el amor, como las apps del móvil, se actualiza cada año, lo que antes era “mi media naranja”, ahora es más bien “mi wifi emocional, me conecto porque quiero, no porque lo necesite”.
En el siglo XXI el amor ya no va de “sálvame, complétame y hazme feliz”, sino de:
— “Yo estoy bastante bien conmigo, si tú sumas, genial; si no, Netflix y mantita.”
Hemos pasado del amor de necesidad al amor de deseo, te elijo, no te uso como muleta emocional.
Antes buscábamos a alguien que hiciera lo que nosotros no sabíamos hacer,
si yo no sabía cocinar, tú a la cocina;
si yo era débil, tú a hacer de macho alfa;
si yo no sabía vivir, tú a rescatarme de mí mismo.
Romántico… no. Práctico como un contrato de fontanería.
Parafraseando a Yolanda Díaz, ahora no va de eso, la moda es otra, dos personas enteras, no dos mitades desesperadas buscándose como piezas del tetris emocional. Cada uno con su vida, su cabeza y sus manías. No eres mi salvador, ni yo tu proyecto de rehabilitación personal. Eres un compañero de viaje, no un terapeuta con derecho a roce.
La tecnología nos ha enseñado algo curioso, sabemos estar solos sin morir en el intento. Y ojo, estar solo no es fracaso sentimental, es independencia con wifi propio. Cuanto mejor te llevas contigo mismo, menos tóxico te vuelves para el otro. La soledad bien llevada da dignidad; la dependencia mal llevada da dramas, celos y estados de WhatsApp pasivo-agresivos.
Amar hoy es respetar las diferencias, no intentar “arreglar” al otro como si fuera una actualización pendiente del sistema operativo. El amor sano abriga, acompaña, suma… pero no asfixia. Es devoción sin obsesión, cariño sin posesión, “me gustas” sin “te necesito para respirar”.
Y por si todo esto suena muy moderno y poco romántico, tranquilos, el sabio Sócrates ya lo dejó claro hace siglos:
“Cásate si puedes: si eliges bien, serás feliz; si eliges mal, te convertirás en filósofo.”
Así que feliz San Valentín en el que
ama si te apetece, acompaña si te nace, comparte sin hipotecarte…
y recuerda que el amor no debería ser una dependencia, sino una buena compañía.
Salva Cerezo