Les han pillado con el carrito del helado. Así que su única salida es que Pumpido deshaga el entuerto, denigrar al Supremo y esperar que la desesperante lentitud de la Justicia haga su magia.

De momento, García Ortiz recurre ante el Constitucional. Previamente vendió que se había producido una grave injusticia y que lo iba a pelear, no por él sino porque no se consolide la injusticia… ¡Qué bonito!

Tras preparar el terreno, Pumpido tensa al TC con el amparo y Évole le hace un juicio mediático en el que la condenada es la Sala Segunda del Supremo, una especie de ‘fachas con toga’ que no ha elegido nadie, que tienen un poder tremendo sin control alguno y que le han condenado al amigo de la pareja del también condenado Garzón porque le tienen manía. Como la ‘seño’ del cole…

García Ortiz no es capaz de dar una respuesta coherente a por qué borró los mensajes de su móvil. Hasta llega a decir que es libertad de expresión. Podría haber argumentado que quería borrar mensajes personales que no quería que trascendieran con la investigación. Pero es más torpe que lo imaginable y sólo balbucea. “No tengo una respuesta”…

También lamenta que le juzguen personas a las que conoce estrechamente desde hace 20 años. Es lo que establece la ley. ‘Dura lex, sed lex’. O sea, mala suerte. Pero si no le gustaba que le juzgaran sus compañeros de profesión lo tenía muy fácil: si hubiera dimitido le hubiera juzgado un juez ordinario. ¿Por qué no lo hizo?

La estrategia de desacreditación del Supremo es clara. Pero también muy peligrosa. Porque sin control judicial ni garantías el sistema involuciona a una autocracia, un totalitarismo, una república bananera. Y la deriva es inquietante.

Si a eso le sumamos una desesperante lentitud judicial, el cóctel es claro. Según fuentes judiciales, Begoña será juzgada por un jurado la próxima legislatura. Una justicia lenta no es justicia. Para el justiciable porque sufre una precondena de espada de Damocles innecesaria. Y para la víctima porque resarcir el daño con tanto retraso hace que el tiempo cure más que la justicia…

Aún así, son tantas las contingencias, que Sánchez dedica la mitad de su tiempo a buscar nuevas fuentes de votantes con la Ley de Abuelos y la otra mitad a frenar la sangría judicial desautorizando a los jueces: no sonríen, no tienen sentido del humor, son casposos, utilizan un lenguaje alejado, actúan con criterios políticos, deberían de presentarse a las elecciones,… Sin justicia independiente no hay democracia.

Luis Losada Pescador (Actuall.com)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 04/05/2026

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