En España ya no se gobierna, se representa. Cada martes de Consejo de Ministros es un estreno teatral y cada rueda de prensa, un monólogo dramático con fondo musical de violines y papagayos aleccionados. El guion es siempre el mismo, “Si no sale esto, es culpa de la derecha. Si sale, es gracias a nuestra sensibilidad social”. Y entre acto y acto de bla, bla, bla…, el público, o sea, nosotros, pagando la entrada con impuestos y paciencia.
Lo de las pensiones ha sido un número de circo digno del Cirque du Soleil… pero versión low cost.
Primero se mete la subida en un decreto ómnibus, ese invento mágico donde cabe desde la paga de los abuelos hasta el masaje de Begoña en Moncloa. Luego se monta el drama, que si el PP quiere que los mayores pasen hambre, que si la ultraderecha quiere dejar a los jubilados a pan y agua… Y, oh sorpresa final, sacan la subida del decreto y la aprueban aparte, cosa que todos sabíamos, menos los palmeros del gobierno.
¿Conclusión? Que todo el teatro era innecesario. Pero claro, sin drama no hay titulares, y sin titulares no hay relato.
Mientras tanto, en el Congreso, Feijóo repartía estocadas dialécticas y algunos fueron “a por lana” con la DANA… y salieron trasquilados. Intentaron colgarle muertos al de enfrente, pero el boomerang volvió con intereses. En política española el que señala con el dedo suele olvidar que tiene tres apuntándole a la hemeroteca.
Y en medio del ruido aparece Bildu, que entra a la trifulca junto a Junts, como quien llega a una verbena con ganas de bronca y acaba recogiendo los platos rotos, pues estopa para todos. Moral de esta historia que, cuando el barro salpica, no distingue ideologías; mancha a todo el que se arrima demasiado.
Pero el remate final es de traca, porque ahora quieren sacar la ley de los inquiocupas por decreto, para que los propietarios se coman el marrón de un problema estructural que, en teoría, debería resolver el Gobierno. Es decir:
—“Tenemos un problema de vivienda.”
—“¿Lo solucionamos desde el Estado?”
—“No, hombre, mejor que se apañen los ciudadanos. Nosotros ponemos el relato y que ellos pongan las llaves, y hasta los railes.”
Socializar los problemas, privatizar las soluciones. Un clásico de manual, pero con careta progresista. Porque aquí el Estado es muy valiente para repartir culpas… pero muy tímido para asumir responsabilidades.
Y así seguimos: decreto va, decreto viene, circo mediático, villanos de quita y pon, y un público al que se le pide que aplauda cada truco como si no supiera ya cómo acaba el número. Nos toman por tontos, pero luego se sorprenden de que la gente empiece a bostezar en mitad de la función.
En fin, que se cree el ladrón que todos son de su condición, ya que proyectan en el adversario sus propias trampas, acusan de manipular mientras manipulan, y hablan de ética con la boca llena de cálculo electoral.
El problema no es que haya teatro en la política. El problema es que ya no queda política, solo teatro… y cada vez peor interpretado.
Salva Cerezo